lunes, 15 de mayo de 2006

Morir es descansar

Cuando estaba en el colegio, tenía una muy buena amiga.
La Fran era la mujer más inteligente que he conocido. Llena de talentos. Repleta de sentido del humor. Exitosa en lo académico. Pero nula en todo lo demás. Nunca tuvo un pololo, de pocas amigas, la molestaban en el patio niñitas hasta cuatro años menores que nosotros. Su apariencia era siempre la de un pollito mojado, se veía insegura, tímida y apocada. No era bonita, ni tenía estilo, no sabía peinarse, coquetear ni desenvolverse socialmente.
Un día, cuando estabamos en IV medio, sentadas en el patio, y mientras dibujábamos tonteras sobre el maicillo con el dedo, ella me preguntó:

- Sombra, ¿nunca has tenido ganas de estar enferma? ¿en un hospital?
- ¿Para qué, Fran?
- Para que la gente te vaya a ver, para sentir su afecto, para saberte querida de manera real y tangible.
- Mmmmm... me parece que no. Nunca lo había pensado, en realidad...

Creo que la conversación quedó ahí, en realidad no lo recuerdo. Lo que sí sé es que la Fran, pocos meses después, fue víctima de un cáncer tremendo, sorpresivo y muy violento, que nos removió a todos en lo más profundo. Empezamos cadenas de oración, visitas al hospital, y una vez que se fue a EEUU para intentarlo todo, nos escribíamos por fax cada semana.
La Fran, al igual que yo, amaba escribir y actuar.
Estuvimos juntas en los talleres literarios y de teatro del colegio.
Actuamos juntas en varias obras, y desde lejos, me mandaba escritos que nucna más nadie leyó, para que yo los revisara, les diera el visto bueno, la criticara.
Toda una vida juntas, desde prekinder hasta cuarto medio.
Después de dos años de lucha espantosa, cuando ya su cuerpo se había reducido a una sombra fantasmagórica, calva, llena de máquinas, agachada y silenciosa, nos la devolvieron para que muriese en su país de origen, rodeada de los que la quisimos.
De eso hace ya ocho años. Y su recuerdo no se borra de mi memoria.
Sus fax, entretenidos, chispeantes e interesantes, sí han comenzado a hacerlo.
Desde la cubierta de mi escritorio, una foto de ella, sin pelo, sin color, pero con una enorme sonrisa, me mira cada día. Y me pregunta por qué nunca he sido capaz de llorarla como corresponde. Ni una sola lágrima.

Será quizás porque entiendo que la Fran está muy bien, mucho mejor sin nosotros.
Que siento que tal vez su paso por este mundo fue breve pero fructífero. Que nos unió a las demás como amigas, que nos hizo sabernos afortunadas.
Que su sufrimiento por ser distinta, por no sentirse querida, había por fin pasado.
Que hoy en día nos observa y nos guía, que tenemos un angelito extra que nos cuida todos los días.

Y también porque a veces siento con fuerza que este paso por lo terreno se me hace pesado.
Que me cansa.
Lo noto al leer mis escritos hacia atrás y darme cuenta de que siempre es lo mismo, que nada cambia, que me estoy desgastando, que se me agota la esperanza, se me nubla el norte, que no veo salida a tantas cosas que me pasan y manejo a duras penas.
No sé por qué estoy tan sensible a las vicisitudes del diario vivir, pero ojalá aguante.

Hace dos domigos que voy a misa y lo único que hago es controlarme para no llorar desconsoladamente frente a mi mamá. Para qué, si no lograría jamás entender la profundidad de este vacío, si lo único que haría sería preocuparla, si no tiene las herramientas para salvarme.
Al parecer tampoco Dios las tiene. O no quiere usarlas conmigo. Yo, la oveja perdida, el alma descarriada, he dado vuelta mis ojos hacia esa cruz que me mostraron desde chica, pero parece que desde allá toca ahora que alguien más mire para otro lado y se desentienda.

Entonces me acuerdo de la Fran y me da pena su partida, me duele su dolor de tantos años, el que sufrió su alma antes de la enfermedad, y el que destruyó su cuerpo después de la llegada de esta.

Y pienso tantas cosas...
que la vida no es justa,
que el dolor puede nunca acabar,
que me asusta que esto dure para siempre, mucho más que morir,
porque finalmente morir es descansar.

Y es probable que sea por eso que nunca he llorado por la Fran, y lloro más por mí.
Porque de las dos, ella es la que está infinitamente mejor.

5 comentarios:

[Me] dijo...

Hay veces en las que pareciera que Dios no nos escucha, o porque lo dejamos de ir a ver o de hablar no nos va a hacer caso, pero no es así ... nunca pierdas la fe:

“El pescador solitario era un hombre de Dios. Un día tuvo la audacia de pedir al Señor un signo de su presencia y de su compañía: Señor, hazme ver que Tú siempre estás conmigo. Dame el don de experimentar que me amas y el gozo de saber que caminas conmigo.' Cuando reemprendió el camino que le conducía nuevamente a su casa, observó con asombro que junto a las huellas de sus pies descalzos había otras cercanas y visibles. Mira, le dio el Señor, ahí tienes la prueba de que camino a tu lado. Esas pisadas tan cercanas a las tuyas son las huellas de mis pies.' La alegría que tuvo el pescador fue inmensa. Pero no siempre fue así. Vinieron días de tormenta y de frío. El pescador caminaba taciturno por la playa. Volvió sobre sus pasos y observó que, esta vez, en la arena, sólo estaban las huellas de sus dos pies descalzos. Señor, has caminado conmigo cuando estaba alegre. Ahora que el desánimo y el cansancio hacen mella en mi vida... me has dejado solo. ¿Dónde estás ahora?' Amigo, le respondió Dios, cuando estabas bien yo caminaba a tu lado. Pudiste ver mis huellas en la arena... ahora que estás cansado y abatido he preferido llevarte en mis brazos. Las pisadas que ves en la arena son las mías marcadas por el peso de tu propio cansancio"

AnaMaría dijo...

Amiga mía,
Primero que todo, disculpa mi distancia.
Al leer tus letras todo me hizo mucho sentido, porque me siento tal como tú. Ese vacío existencial que no lo llena nada. Esa indiferencia vital que hace que la delgada línea que separa la vida de la muerte parezca ridícula e innecesaria. Después de todo, no parece existir ninguna prueba fehaciente de que realmente estemos vivos y de que no seamos unos zombies errantes.

Me hizo sentido lo que dijiste porque estos últimos días me he despertado pensando en ciertos personajes de mi vida que se han marchado a otras vidas (no tengo creencia segura, ese vacío trascedental lo lleno adoptando las distintas teorías del destino de las almas según la ocasión) y llego a la misma conclusión que tú: ¿por qué compadecerme de sus destinos si son ellos los que no tienen que lidiar con la corporalidad que asfixia, con la incertidumbre que derrumba, con la desesperación eterna? ¿por qué sentir pena por ellos si es a mí a la que el mundo le queda grande desde que están ausentes? Te entiendo tanto.
Lamento que mis palabras sean tan desanimadas, me imagino que no necesitas que anden incentivando tus pesares, pero a veces es tan satisfactorio sentir la empatía de la gente, sentirse más que interpretado, darse cuenta de que hay personas que cargan con los mismos pensamientos. Hace que una no se sienta tan perdida, que se sienta parte de algo. Un poco más ad hoc con el mundo.

Yo también la he extrañado, Sombrita. Intentaré ponerme al día con tus textos y con el cibermundo.

Besos.
AnaMaría.

[Me] dijo...

Disculpa lo "metiche" (que palabra mas arcaica), ya ni recuerdo como llegué a este blog pero siempre te leo y me entretengo muchísimo...tanto así que no pude aguantar el no escribir en esta ocasión y hasta me cree un blog para eso ...
Bueno eso ... ojalá te haya gustado lo que escribí arriba, es una de mis historias favoritas, hace ver la vida de otra forma ... o por lo menos a mi,
Cariños
[Me]

carolita dijo...

Somos seres espirituales viviendo una experiencia material. Eso dijo Yogi Bhajan, el maestro de mi maestra. Y, por lo mismo, siempre estaremos mejor fuera de nuestro cuerpo. Porque nuestro cuerpo es lo que nos mantiene atados a la tierra.

Entiendo a tu amiga. Desde lo más profundo. Cuántas veces quise lo mismo. Esa cama en la clínica, llena de flores y de visitas, o una asistencia a mi funeral, a ver cuánta gente iba. Pero, cuando uno tiene tiempo de salir de ese mundo que no la acoge, y encuentra el mundo de afuera, donde caben todos quienes estén dispuestos a buscar su espacio, comprende que el sufrimiento no te mató. Sólo te escondió un poquito, mientras te convertías en mariposa.

Ella no tuvo ese tiempo, supongo.
Debe ser muy triste que muera una amiga.

Y sólo puedo decirte que Dios está en todas partes, en todas sin excepción, que Dios te abre los ojos en las mañana y te los cierra en la noche, porque es la verdad máxima, el amor máximo, Dios es esa vocecita quq te dice oye, arriba, vamos, porque queda mucho mucho camino todavía.

Búscalo en tu corazón. Te apuesto que te habla y te da mil respuestas.

un beso gigante amiga.
cuidate.
rézale a Artemisa, ella entrega la fuerza de la guerra y la independencia, para seguir luchando.

AnaMaría dijo...

Cómo es esto de que yo aparezco y Ud. desaparece? La vida no sólo es ridícula, sino que también es bastante descordinada.

Besos, hermana, vuelva pronto.

AnaMaría.