domingo, 30 de septiembre de 2007

Oxígeno

De vuelta frente a esta pantalla, me encuentro con la pregunta de Cheluca, que me cuestiona dónde ando... bueno, a continuación pasaré a contarles el por qué de mi silencio y las muchas cosas que me han pasado en estos días...

Me da miedo en verdad relatar lo que me ha estado pasando, no sea que nuevamente sean actos fallidos los que me acompañen, pasos en falso; por otro lado siento la confianza de que, quiéralo yo o no, las cosas siempre suceden como tienen que pasar, así que, confiada en esa verdad, los pongo al día de los hechos.

Un poco antes del 18, justo en los días en que escribí por última vez en este blog, algo pasó en mi vida que cambió la inercia hasta ahora reinante. En el trabajo me pidieron que partiera fuera de Santiago con un grupo de gente para una salida a terreno por aproximadamente diez días. No tenía nada que perder, así que acepté sin pensarlo más.

Con el correr de los días me avoqué con fuerza a adelantear trabajo y evitar entonces que mi ausencia generara avalanchas de cosas a la vuelta. Resumen, el 18 se me vino encima con violencia y yo, más apagada y cansada que nunca. Sin embargo, me obligué a salir, tomar, bailar, pasarlo bien, puesto que los próximos días serían de pega dura, estas salidas nunca son fáciles ni relajadas... de esos días no tengo nada notable que contar, excepto que aproveché de estar con mis amigos, reirme y prepararme sicológicamente para lo que me esperaba.

Unos días después de las fiestas patrias, me econtraba con mi maleta en el lugar de partida al viaje, juntándome, además de mis compañeros de labores típicos, con un grupo de gente que en realidad no conocía, pues para esta salida nos habíamos asociado con otra empresa cercana a nuestro rubro, que nos aportaría con experiencia y puntos de vista cercanos.

Y ahí estaba él.

Nos saludamos y me llamaron la atención sus ojos, llenos de chispa y vida.
Era, para todos los efectos, lo que yo nunca hubiese buscado para mí, lo que jamás hubiese elegido; en todo diferentes. Varios años más joven que yo (lo que a estas alturas es casi una constante en mi vida), más bajo que yo, muy moreno, con varios piercings en las orejas, tenida muy casual, muy outdoors, pelo un poco largo, ágil y movedizo.

Lo llamaré Mariano.

Nos saludamos en medio de la multitud y el caos propio de la partida de los grupos grandes; en medio de gritos, apuros, búsqueda de cosas de último segundo. Nos subimos al bus y partimos, él se sentó delante mío.

No fue hasta el día siguiente que volví a reparar en su presencia, cuando se sentó a mi lado para desayunar y comenzó a hacerme preguntas generales, y, de manera gradual, fuimos descubriendo que habíamos tenido vidas parecidísimas, penas e historias muy similares, y, sobre todo, ideas y pensamientos, gustos y anhelos tremendamente compartidos.

De ese momento en adelante, empezamos a compartir mucho. Dentro del enorme grupo, él siempre se las arreglaba para buscarme. Se sentaba al lado mío en charlas y conferencias, si íbamos caminando hacia algún lado, lo hacíamos juntos. Yo también comencé a buscarlo, casi inconcientemente. Conversabamos mucho, y realmente para mí se convirtió en una de las instancias más entretenidas e interesantes de este viaje de trabajo, pesado y a veces hasta ingrato. Nos tocó resolver algunos problemas juntos, nos reímos con gran sentido del humor, y un día terminamos en su pieza, sin zapatos, sentados a lo indio y fumando hasta altas horas de la madrugada como si nos hubieramos conocido desde siempre.

Me di cuenta que otras mujeres en el grupo se fijaban en él, que lo buscaban y le hablaban. Siempre su mirada buscaba la mía, y en medio de este acoso, una señal casi imperceptible me hacía sentir que estabamos cerca de todos modos.

Como a los cinco días, me preguntó abiertamente si yo saldría con él a la vuelta de este viaje. Le dije que feliz lo haría, y quedamos en hablar llegando, luego de intercambiar teléfonos y mails.

Cada minuto libre del apretado itinerario lo pasabamos juntos. Hicimos un par de actividades al aire libre, que él me llevó a conocer, nos arrancabamos a fumar, a comprar algo para tomar, simplemente a conversar en la playa bajo la luz de la luna llena más increíble, grande y amarilla que he visto.

Su vida me produce mucha curiosidad y empatía. Hace menos de un año que salió de una larga y tortuosa relación de pareja, dice no estar ni dispuesto ni abierto a entrar todavía en otra, sin embargo se mostró receptivo, cariñoso y muy galán conmigo, aunque nunca llegamos a tener contacto físico fuera del habitual entre dos personas que se vienen conociendo...

Anoche llegamos de vuelta a Santiago, con una pena enorme de separarnos. Él me reiteró sus intenciones de llamarme para salir a alguna parte, yo le reiteré que esta idea me gustaba mucho.

Y aquí estoy sentada, pensando en lo raras que son las cosas a veces.
Después de estar casi diez días con muchas personas, en medio del ruido y el trajín, añorando fuertemente mi espacio personal, éste se siente vacío e incómodo.
Después de haber pedido un cambio, ahora no tengo idea para dónde va a llevarme esto. Que ni siquiera sé qué es. ¿Atracción? ¿Interés? ¿Refugiarse en alguien que te entiende? ¿Pasar el rato?

Muchas personas me han dicho que soy bien clarividente para algunas cosas, sobre todo para juzgar personas y relaciones desde afuera. Que soy capaz de adivinar intenciones y, casi casi, lo que va a pasar. Bueno, cuando se trata de mí misma, soy más que un cero a la izquierda. Siempre termino malinterpretando las señales, y muchas veces agrando cosas pequeñas o viendo señales donde no las hay.

Y eso es lo que me tiene inquieta ahora.
El sentir que entro en la dimensión desconocida con Mariano.
En la cual pueden pasar dos cosas, básicamente; una, que nunca más sepa de él, que nunca aparezca y yo me sienta nuevamente y por milochocientava vez en mi vida una estúpida y quizás qué otras cosas peores...
Dos. Que esta vez haya conocido a un hombre que realmente hace lo que dice y que dice lo que piensa, que quiera realmente salir conmigo y conocerme mejor, que estoy a punto de vivir algo diferente, cuyo nombre o naturaleza en este minuto desconozco pero que poco me importa, porque se siente tan bien lo que hasta ahora hemos vivido...

Ha sido realmente como un baño de luz, de oxígeno, después de estar hundida en las profundidades por demasiado tiempo.

Y aunque desconfío de mi habilidad para nadar, después de este largo letargo que me ha atrofiado, lo único que tengo son ganas locas de avanzar, de mantenerme a flote, de llegar a la orilla para al fin abandonarme al descanso, simplemente, bañada por la luz cálida y envolvente del sol...

domingo, 9 de septiembre de 2007

Inercia

Hace mucho tiempo que no escribo mi blog, y eso no me parece raro, dadas las circunstancias de que hace mucho tiempo que no hago nada de nada.

Estoy tan, tan, tan cansada con el trabajo, con la falta de "emociones" en mi vida, que con suerte me da para cumplir con mis obligaciones mínimas y el resto queda siempre pendiente para un después, que hay días que veo terriblemente lejano.

Me da susto estar con depresión.

Porque, a pesar de que aún rindo en el trabajo todo lo que debiera, e incluso más, como que todo el resto de las cosas entró en compás de espera.

Me muevo por inercia, me asaltan minutos de ansiedad profunda, como si una mano invisible me apretara el cuello y me impidiera respirar. Me quejo de que mi vida personal no se mueve para ningún lado, pero las contadas veces que me llaman mis amigos para salir a alguna parte, no me da el cuero para entusiasmarme y termino pasando.

Tengo pena, y eso es una realidad.
Estoy cansada de luchar, y eso podría ser una enfermedad.
No le veo sentido a las cosas y no logro darme cuenta de si eso es ceguera o es una certeza ante algo que es parte de mi vida.

Tantas veces he dicho en este mismo blog que no quiero quejarme más, que me doy lata cuando me pongo llorona y quejumbrosa, pero en realidad esa es la tónica de estos días, esta soy yo hoy, y ya me he pillado más veces de las que quisiera llorando en la cama o frente al computador, cuando nadie me ve.

En un intento por animarme fui a una tienda y me compré bastante ropa y un anillo fabuloso, pinturas, zapatos, y este fin de semana salí mina-mina a la primera parte que me tocó ir (un almuerzo familiar). La verdad es que la emoción por las cosas nuevas me duró un poco más de un par de días, y ahora más encima lloro sobre el hoyo en mi cuenta corriente.

Lo último me ha servido de lección, para darme cuenta que la vida es mucho más que objetos y la felicidad, por cliché que suene, no está en las cosas.

Para qué me sigo engañando, para qué les embolino la perdiz. Lo que me pasa es que necesito desesperadamente un cambio, necesito sentirme amada, necesitada, cuidada por un hombre, por alguien que me haga sentir que completo su vida, necesito que alguien complete mi vida, y si eso no ocurre nada más lo hará; porque he intentando alienarme con horas y horas de trabajo, con noches interminables de carrete, con cerros de compras y nada me tranquiliza en realidad.

Reconozco en mí la necesidad intensa de trascender, de tener mi espacio en el mundo, y, equivocada o no, siento que esa trascendencia la puedo lograr a través de la fundación de mi propia familia, del aporte de hijos que me hagan sentir realizada y que proyecten mi presencia en el mundo mucho más allá de los cortos años que seré parte de él.

He caído en un círculo vicioso. Ando llorona y depre, y mientras más me dejo llevar por esta sensación, peor es, porque me encuentro cada minuto que pasa más patética e indigna de salir del bache.

Y aunque todo esto es cierto, proyecto al mundo la imagen de que estoy perfecto, feliz y realizada, cansada y atorada de pega eso sí, pero todos estamos un poco igual, así que no importa mucho en verdad. No me dejo flaquear públicamente y jamás iría a un sicólogo porque los encuentro caros y que no son para mí (esto es, más que probablemente, un prejuicio, pero qué se le va a hacer).

Y hay una cosa más.
Están las pesadillas. En las cuales siempre estoy a punto de concretar algo con alguien y no pasa nada. Siempre fracaso en esos sueños de mierda, y despierto con la quemante sensación de que nunca más voy a dar un beso, de que nunca más nadie me va a tocar, de que mis días de amor se agotaron.

Mi propia mente me da un susto terrible, porque me percato de lo fuerte que es contra mi voluntad, de la manera en que maneja mis sentimientos y mis pensamientos; me asusto a veces pensando que puedo estarme volviendo loca y mi único consuelo al respecto es una frase ñoña que escuché una vez en una película, que decía que la gente que enloquece nunca se da cuenta de eso.

En fin. Si algo no pasa pronto, voy a dejar de creer.
Me voy a marchitar.
Y la indomable optimista que había en mí, se va a morir irremediablemente de sed.

Porque hasta los positivos necesitamos de esperanzas, de planes y proyectos con los cuales podamos soñar para derrotar a la inercia que nos quiere dominar...

Siempre que me preguntaron, dije que mi miedo más grande en la vida no eran la oscuridad ni los ladrones, sino estar sola.
Hoy puedo decir que esto ya no es un miedo, sino la verdad por la que navego todos los días de mi vida.

miércoles, 22 de agosto de 2007

Perfume

Otra de las cosas que me impactó de mi reciente reunión con la Sandra, fue un comentario que me hizo acerca de los comienzos de su relación con Lucas.

Para ella, uno de los factores que le hizo darse cuenta de lo que estaba sintiendo por el que ahora es su novio, fue el olor de él. O, mejor dicho, hacerse conciente de su olor. Me dijo que un día cualquiera, cuando ella todavía pololeaba con otro y eran simplemente amigos que se reunían a sorprenderse de lo mucho que tenían en común, habían quedado de juntarse en un café bastante concurrido; que ella se había sentado a esperarlo en una mesa y que había percibido su presencia aún antes de verlo. Por el olor. Y luego definió esta situación y esta atracción como un aura que la envolvía totalmente, que sus extremidades se prolongaban más allá de su cuerpo, permitiéndole sentir un contacto exquisito con él, más allá de la vista o el tacto convencional.

Estas declaraciones no habrían tenido tanto impacto en mí si no fuera por dos cosas:

La primera, hace dos días releía el excelente libro de Susanna Tamaro Donde el corazón te lleve.
Copio textual el trozo de la página 140 que me dejó helada, pues conociendo a la Sandra, ella no ha leído este libro:

Hace un tiempo leí en un diario que, según las últimas teorías, el amor no nace del corazón sino de la nariz. Cuando dos personas se encuentran y se gustan, comienzan a enviarse pequeñas hormonas cuyo nombre no recuerdo; estas hormonas entran por la nariz, suben hasta el cerebro y allí, en algún meandro secreto, desencadenan la tempestad del amor. En conclusión, los sentimientos, no son más que olores invisibles. ¡Qué tontería! Quien haya sentido el amor verdadero en la vida, el grande y sin palabras, sabe que estas afirmaciones no son más que un golpe bajo para mandar al corazón al exilio. Claro, el olor de la persona amada provoca grandes turbaciones. Pero para provocarlas debe existir algo más, algo que, estoy segura, es muy distinto de un simple olor.
Al estar junto a Ernesto en aquellos días, por primera vez tuve la sensación de que mi cuerpo no tenía límites. A mi alrededor sentía una especie de aureola impalpable, era como si los contornos fueran más amplios y esa amplitud vibrara en el aire con cada movimiento.

La segunda, es que mientras leía y conversaba sobre estas cosas, sin todavía unir las piezas del puzzle, tuve extrañas y extremas sensaciones en mi vida, relacionadas con el olor.

Para empezar, florecieron los aromos, lo que me obliga a bajar el vidrio del auto cada vez que paso frente a uno de ellos. Si entro en una habitación que tiene ramas de aromo floridas en un jarrón, estoy frita, caeré en un éxtasis de melancolía y de recuerdos que no me dejará concentrarme en casi nada más. Y no es broma. El jazmín y el aromo son mis olores de la naturaleza favoritos, y es quizás por eso que amo tanto la primavera. No por el romance, la temperatura, la perspectiva del verano (y las vacaciones), sino simplemente por los olores y la luz. Amo esta ciudad de noche, en pleno verano y fines de primavera, porque las ventanas abiertas me traen oleadas florales, terrosas, de pasto mojado, de viento fresco, y estos vapores actúan como drogas en mí. Solo puedo compararlas con escuchar una canción realmente buena y que significa realmente mucho para uno, en un minuto de calma absoluto y de apertura total de los sentidos...

Luego, vino esta tonta experiencia en el mall. Estaba muy lleno de gente, cosa que odio, por lo que caminaba firme y decidida para salir luego de mis trámites e irme de ahí. Repentinamente pasé por el lado de un viejo de unos setenta y cinco años. Su olor, un perfume cuyo nombre desconozco realmente, me dejó helada. Paré de caminar y el rostro, la voz, la historia de un hombre a quien amé mucho, y que usaba este mismo perfume, se me vinieron a la cabeza. No me pasaba hace tiempo y la verdad es que no fue desagradable del todo, porque atesoro esos recuerdos en un cajón muy profundo de mi mente, donde no me pueden hacer daño, y sacarlos de vez en cuando me trae al presente no solo los dolores que me causó, sino también la certeza de haber vivido un gran amor, con todos sus bemoles. Es decir, está bien recordarlo en pequeñas dosis y luego volver a confinarlo a su baúl en las oscuridades de mi psiquis.

Siempre me han gustado mucho los olores. Mi único lujo, derroche del cual podría decir que debiera avergonzarme, más que zapatos, ropa, CD`s u otras cosas, son los perfumes. Tengo unos quince diferentes, algunos regalados, otros comprados; traídos de viajes y duty frees de todo el mundo por mí o por los que me conocen. Generalmente los uso de manera ordenada, uno a la vez hasta que se acaba, haciendo salvedades cuando salgo a bailar o a algún evento nocturno, en que uso uno especial. Pero últimamente me he dedicado a picotear de aquí y de allá. decidiendo cada mañana que el día se presenta de esta o de esta otra manera. Caprichosa, o en verdad quizás demasiado conciente de mi aura odorífera.

Estoy fumando cada vez menos, porque el olor del cigarro me molesta como nunca antes lo había hecho. Parezco embarazada y no hay posibilidades de que esto sea una realidad, a menos que sea la nueva virgen María.

Finalmente, quiero decir que no tengo idea qué significa todo esto, pero creo que las cosas no suceden por casualidad y que tanto tema con los olores algo me debe querer decir.

Quizás, simplemente, que debo ver la película El Perfume, la cual no había querido enfrentar por haber leído ya el libro hace algunos años. De repente ahora toma otro sentido para mí.

sábado, 11 de agosto de 2007

Ser una sombra

Ayer vino a verme una amiga que no veía hace tiempo.

Estaba muy feliz porque recientemente empezó una relación amorosa con un hombre que le ha roto todos los esquemas y que le ha traído puras alegrías.

Sin embargo, algo me llamó la atención...

- Sandra, ¿qué vas a hacer en las vacaciones?
- Ay no sé, lo que pasa es que Lucas quiere ir a no-sé-dónde, entonces...blá, blá, blá....
- Ah, y ¿qué va a pasar con ese proyecto que tenías en tal parte?
- Lucas me dijo que.... blá, blá, blá, entonces no sé....
- ¿y con esto? ¿y con lo otro?
- Lucas, Lucas, Lucas....

Como a la quinta pregunta paró de hablar y me quedó mirando...

- Sombra, qué miedo. Me acabo de dar cuenta de que estoy viviendo a la sombra de este hombre. Lo conozco nada, a lo mejor es un sicópata, y ya controla cada aspecto de mi vida...

Ahí yo me eché para atrás y la quedé mirando. La Sandra es una de las personas que yo más he respetado y admirado en mi vida, por ser tremendamente inteligente, independiente, soñadora, creativa y siempre llena de proyectos. Hasta ahora.

Me di cuenta de lo vulnerables que el amor nos vuelve.
Hasta hace poco la Sandra pololeaba con otro hombre, del cual, por cierto, descubrió que no estaba enamorada.

Ahora está completamente loca por Lucas. Y eso tiene en jaque sus proyectos, planes, trabajo y hasta sus ideales de siempre. El hombre en verdad le hizo cuestionarse todo.

No sé si es malo o bueno, sin embargo, creo que es, al menos, peligroso.

Siento que la Sandra es, o era, una mujer admirable por sí misma.
Y ahora está al servicio de un hombre.

Yo me siento mucho más débil e insegura que ella.
No sé si sería capaz de decirle a un hombre que lo que ve es lo que hay, y que si no le gusta, se friegue.
No sé si estoy dispuesta a pagar caro por el amor, renunciando a muchas cosas para ganar otras.
No sé si corresponda.
No tengo idea si me volverá a pasar alguna vez, porque ya lo viví y no fui nada de feliz.

¿Será esto normal?
¿Será necesario, será saludable?

Sólo sé que me quedé llena de dudas.
Porque vi bien a la Sandra, pero por cuánto tiempo puede vivir, ser feliz, y no ser coherente con lo que siempre ha sido, eso no lo sé.
O, quizás, lo que está haciendo sea lo más coherente que ha hecho en toda su vida.

domingo, 29 de julio de 2007

I let my skin get too thin

Una de las cosas que más odio de mi misma es lo personales que dejo que se pongan las cosas.

Cuando conozco a alguien, hombre o mujer, me vuelco con todo el corazón a querer y hacer feliz a esa persona.

Y, claro, la mayoría de las veces termino sufriendo.

¿Por qué?

Simplemente, porque por lo general la gente no tiene tan altas expectativas acerca de nuestra relación, y la dejan estar.

O, lo que es peor, es que, viendo mi disposición y entrega, se suben por el chorro y se aprovechan.

Pero...

Me rebelo frente al hecho de que quizás sea yo la que tenga que cambiar.
Me niego a convertirme en una cabrona sin corazón para no pasarlo mal.
A ser dura, pesada o indiferente para no involucrarme tanto.

Así que me sigo desnudando frente a los demás. Sigo confiando, abriendo las puertas de mi casa, de mi vida, de mis sentimientos, de mi manera de ser, a los demás.

Bueno, es así también como he conseguido los mayores gozos y experiencias notables.
Y lágrimas. Miles de ellas.

La semana pasada, sin ir más lejos.

No quiero entrar en detalles acerca del quién y el cómo...

Lo único que puedo decir es que, de todos los sufrimientos que conozco, el que más me llega, el que más me duele, el que más me destruye, es el de querer y no ser correspondida, o el de querer y darme cuenta de que esa entrega solo es mal utilizada.
Y no estoy hablando de dar sin esperar nada a cambio. Estoy hablando de dar y ser, al menos, respetada de vuelta.

Me siento rara.

Porque no quiero volver a sentir lo mismo, nunca más.

Pero algo me dice, que mientras siga adelante, porfiadamente, con esta manera de enfrentar la vida, un poco naive de mi parte, lo que hay hasta ahora es lo que ha de venir muchas veces más por delante.

Quizás sea un precio justo a pagar por atreverme a ser tan distinta a los demás.
Y, sobre todo, fiel a eso mismo.

viernes, 20 de julio de 2007

Ser lo que quiero ser

Ayer me puse a pensar que tipos de mujeres hay muchos.
También me puse a pensar en verdad qué tipo de ellas soy o quiero llegar a ser.

En primer lugar, me di cuenta que soy una mujer que no tiene nada de princesa en apuros. Siempre me he asumido como mujer independiente y fuerte, con las ventajas y desventajas que eso trae. Porque aunque muchos admiran eso en una mina, muchos otros piensan que una es insensible, marimacho o autosuficiente en una mala manera. Es decir, piensan que a uno no le gusta que la quieran, la cuiden y la regaloneen. Y nada que ver. Una también se cansa, tiene pena, necesita apoyo, consejo y ayuda. Pero no depende enfermizamente de nadie para avanzar.

En segundo lugar me di cuenta que no soy feminista. No necesito agarrarme del moño con nadie para sentirme validada, y creo que cocinar y planchar no me hace menos pensante o persona. Me gusta la igualdad para ciertas cosas, pero en otras no siento que tenga que demostrar nada, y el clásico sistema del hombre que lleva los pantalones y la mujer que lo apaña en todo me acomoda, porque siento que sin mujer que acompañe, no hay hombre que pueda gobernar nada. No tengo idea si logro exponer mi criterio, pero creo que está como en la mitad. Porque me cargan las minas ultra machistas que creen que son nada más que el adorno de su macho y que no son capaces de actuar, opinar o incluso tomar decisiones sin el permiso del hombre, me parece que son hueonas cómodas, flojas y que se quieren poco. Y por el otro lado, el feminismo a ultranza me parece un fanatismo que demuestra inseguridad y miedo, con perdón de las feministas que quizás han hecho mucho por el mundo en el que vivo ahora (con derecho a votar, por ejemplo).

En tercer lugar, mi relación con los hombres ha sido un poco fruto de los dos puntos anteriores. Tengo miles de amigos, que me quieren, me respetan, me consultan, y de manera a veces muy deliciosa, me tratan de igual a igual. Ellos agradecen el saber que conmigo pueden ser como realmente son, y viceversa. Eso quizás ha alejado de mí a gallos tradicionales, fácilmente escandalizables y dominantes de tomo y lomo. También habrá espantado a chiquillos bien, clásicos, tímidos y apocados, pero la verdad es que ninguna de las dos especies me interesa mucho. Tengo los amigos que tengo, y son todos la raja, y los amores que he tenido han sido aún más bacanes, porque sé que para estar conmigo no se puede ser cualquier persona (y con esto yo no digo que sea a toda raja, sólo digo que no soy fácil).

Con las mujeres es un poco la misma historia. Las minas fru-frú y las pelolais no van conmigo. La niñita rosada de mamá que no toma piscola ni dice garabatos se cae de raja si me ve un día cualquiera. Las superficiales que juzgan sólo por las apariencias se fueron a la cresta conmigo porque se requiere tiempo, paciencia y buen ojo para saber realmente quién soy yo.

Por dentro soy sensible, adicta a la música, el cine y la literatura. Me gusta ayudar a la gente con todo lo que esté a mi alcance; me gusta sentirme querida, buscada y necesitada por otros. Odio la mentira y la deslealtad más que cualquier otra cosa, pues perdono rápido en los demás casos y no siento que sea una persona que juzga livianamente a los demás. Amo (y odio) con mucha pasión, soy habladora, atarantada a veces y muy hiperkinética (el Pelao dice que yo no duermo, me enchufo y me cargo. Felipe dice que soy un dínamo). Un poco mal genio, miedosa, llorona y tremendamente preocupada de lo que dicen los demás acerca de mí.

En resumen, si tuviera que elegir a una persona de la historia con quien identificarme, creo que sería la Inés de Suárez o la Javiera Carrera, quizás también Juana de Arco.

¡Esas sí que eran mujeres!

Metidas en un mundo de hombres, en tiempos convulsos y difíciles, no dudaron en dar todo lo que tenían por sus ideales. Fuertes, decididas, de armas tomar, apasionadas e inteligentes, fueron decisivas desde sus papeles para los hombres que las rodeaban. Aprendieron a pasarse a la gente por la raja y a hacer lo que creían que era correcto aún en desmedro de sus propios intereses y vidas. Pasaron a la historia.

Creo que eso es lo que me mueve en definitiva.
Quiero protagonizar mi vida.
Quiero hacer grandes cosas.
Quiero ser diferente, y no solo sentirme distinta a los demás.

Quiero encontrar gente que me entienda, que me acompañe, quiero cambiar la historia, por lo menos, la mía.
Soy mujer, y nadie me va a hacer quedar mal por eso.

jueves, 12 de julio de 2007

El nuevo sexo

Las nuevas generaciones me sorprenden.

De verdad.

El otro día leía en una revista, no demasiado nueva, pero actual al fin y al cabo, que los adolescentes de hoy se han vuelto muy concretos en términos sexuales.

Es decir... estos cabros hacen de todo... de todo, pero como no hay penetración, resulta que no se consideran no vírgenes.

¿Habráse visto tamaña patudez?

Después pensaba que quizás eso explica la actitud de cierto adolescente que me ronda hace tiempo. Que sigue en lo mismo de siempre, es decir, en nada, pero a la vez, bien patudamente, cada vez en más.

Ya les conté que lo primero fue, cínicamente, andarme agarrando el poto.

Luego vino el hacer que yo se lo agarrara a él. (Luego, me confesó que yo era la única mujer que alguna vez se lo había agarrado... una sombra de duda oscurece su credibilidad...)

Más adelante, primero haciendo como que era sin querer, empezó a tocarme las pechugas. Es decir, nunca me ha agarrado una, de frentón y a "full hand"... pero los roces se han ido intensificando, e incluso el otro día en una especie de carrete con más gente, el fresco pasó su mano por arriba de mi hombro y me empezó a hacer un cariñito suave en la derecha. La cara del gallo que estaba conversando con nosotros fue para momento Kodak. Y yo, me tuve que correr rápidamente, porque aparte del escándalo público que estábamos provocando, me corría la gota de sudor por la sien...

Y la última, esa si que me descolocó. Con todos los años de circo que le llevo, con toda la loca imaginación que me gasto, en verdad nunca pensé que él iba a hacer eso...

Íbamos en auto con un amigo, que se encontraba al volante. Yo estaba de copiloto y él, atrás. En un momento pasé la mano para atrás para recibir algo. Quedé atrapada. Primero fueron excelentes masajes en la mano presa. Luego, la mano ubicada en aquello para lo que todavía no encuentro un nombre digno o que no sea horripilante. (quedaría bonito el juego de palabras si dijera: ... masajes en la mano presa. Luego, la mano en la presa... pero es terrible de ordinario)

No puedo decir que haya disfrutado el momento. Ni que haya sentido nada. Me puse rígida como si estuviera cerca de una tarántula y saqué la mano en menos de diez segundos.

Lo divertido es que yo, teniendo más experiencia que él en estos temas (confirmado), me siento poco menos que su amante, que hace rato que no podría decir que entre los dos "no pasa nada" sin enrojecer por la mentira, siendo que para mi gusto falta un paso muy anterior (y gozador) que es el beso.
En cambio a él, yo no lo noto preocupado, urgido o pensativo siquiera con respecto al tema. Estoy segura que, de preguntarle, él diría tranquilo que aquí no pasa nada especial.
¿Será porque no ha habido besos?
¿Será que estoy viviendo en carne propia esto de los nuevos adolescentes-cara-de-raja-pa-la-hueá?

No tengo idea.
Me encantaría entrar en su cabeza por un rato.
Saber qué cosas le pasan cuando me toca, cuando lo toco.
Saber si tiene los mismos sueños espantosamente perturbadores que me tiene protagonizando con él.


En fin...
No me aconsejen que me lo agarre de una buena vez, porque no va en mi ADN hacerlo.
Tendría que estar terrible de borracha.

Por ahora, gozo sintiéndome deseada.
Y lo otro...
No sé por qué algo me hace intuir que ya vendrá...
todo cae por su propio peso...

y, además, como dice un comercial de cerveza en las micros por ahí...
"Igual es rico irse lento..."

viernes, 6 de julio de 2007

Artifex vitae, artifex sui.

Recién hoy, a estas alturas de la noche, de la semana, del mes, del partido, logro sentarme un rato y escribir.

Y es quizás extraño decir que nada ha cambiado.

Porque a la vez pasan tantas cosas cada día...

Es cierto que en lo global mi vida sigue un curso tranquilo, sin mayores cambios ni inflexiones, pero a la vez, cada día, tengo algo que contar a las personas con las que me encuentro, o con las que hablo.

La mejor manera que se me ocurre de explicarlo es usando la imagen de esos ríos tranquilos, que fluyen sin mayores escándalos hacia el mar. Uno puede pararse frente a ellos por horas, creyendo que nada se está moviendo. Pero entonces aparece un punto de referencia, como una pequeña hoja que pasa rauda y segura, navegando. O quizás uno siente el impulso de meterse y recién ahí nota la resistencia que opone la corriente al intentar nadar en otro sentido que no sea el que ella misma propone.

Quizás así sea necesario que suceda. Que los cambios más importantes sean leves, casi imperceptibles, pero seguros.

Quizás solo así podemos soportarlos, quizás sólo así logramos digerirlos totalmente y nos hacemos parte de ellos naturalmente.

No sé.

Ayer salí con unas amigas y mirábamos a las mujeres que nos rodeaban. Todas tan jovenes, tan bellas, tan atormentadas. Tan rápidas sus vidas, tan expuestas a estímulos y tentaciones...

Y pensé, por primera vez en mi vida, que estoy agradecida de no haber estado nunca en la línea de fuego.

Nunca la más popular, ni la más bonita, ni la más destacada, ni la más inteligente, ni la más solicitada, ni la más exitosa.

He tenido que trabajar duro para obtener todo lo que tengo, he tenido que sacarme la cresta demasiadas veces frente a la risa, el sarcasmo, el rechazo de algunos.

Estoy segura que de haber sido de otra manera, me corroerían la soberbia, el orgullo, la ironía, el prejuicio. Pero no. He tenido que aprender a palos a ser humilde, quitada de bulla, agradecida, a valorar las cosas buenas que me pasan, a aprender y a observar.

No me siento superior a nadie, simplemente, porque nunca se me ha dado serlo en verdad.
No me gusta atropellar a las personas, o mirarlas en menos, porque he vivido demasiadas veces en carne propia loque se siente cuando eso pasa.

Y aún así he sido torpe, malinencionada, prejuciosa, peleadora, orgullosa, soberbia, mentirosa, libertina y autodestructiva.

No quiero ni pensar qué habría sido de mí con más herramientas a mano.

Con más éxito frente a los hombres.
Con más poder.
Con más inteligencia.
Más popular.

Una chica plástica más, emulando a la película Mean Girls.

Por eso, feliz.
De ser yo.
De ser como soy.
De lo que me ha tocado.

Quizás suene siútico, pero en este momento me acuerdo de las palabras de Amado Nervo, en su poema de despedida a la vida. No es que crea que me voy a morir, pero hay tanto de él que me interpreta...

En paz

Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, Vida,
porque nunca me diste ni esperanza fallida
ni trabajos injustos ni pena inmerecida;

Porque veo al final de mi rudo camino
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;
que si extraje las mieles o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas;
cuando planté rosales coseché siempre rosas.

. . . Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno;
mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!

Hallé sin duda largas las noches de mis penas;
mas no me prometiste tú sólo noches buenas,
y en cambio tuve algunas santamente serenas . . .

Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes!

¡Vida, estamos en paz!

martes, 26 de junio de 2007

Carpe Diem

A veces me siento grande, grande.
Me puedo el mundo sobre los hombros y me planto con seguridad ante los otros. Nada me puede botar, nada me puede dañar, soy la dueña de todos mis actos, de mi destino, de mi ser completo.

A veces me siento pequeña.
Me enrollaría como un ovillo y dejaría que el mundo siguiera girando sin mí. Siento que me tienen que tomar de la mano y ayudarme a caminar, a dar los pasos más simples, a salir adelante con las pequeñeces más básicas de cada día. Soy vulnerable a todo y a todos.

Muy pocas veces tomo conciencia de lo que tengo.

Y a pesar de la inercia y de la lata, pienso que tengo que aprovechar de leer todo lo que quiero, mientras tenga vista.

Y de escuchar todo lo que me dicen, y toda la música que me gusta, mientras tenga oído.

De bailar hasta caer rendida mientras pueda moverme con soltura.

De trabajar mientras a mi cabeza le quede agilidad y destreza.

La vida es una y hay que gastársela como tal.

Apasionadamente.

No sé por qué en el último tiempo he tenido tanta conciencia de mis dones.
Y también de mi fragilidad.
Como si de pronto, todo lo que soy y lo que tengo, fuera a desaparecer.

Ciega.
Postrada.
Sorda.
Tullida.
Muerta.

Me da escalofríos sólo pensarlo.

Por eso quiero vivir como si fuera el último día cada mañana.

¡Afírmate mundo, que aquí voy!

domingo, 17 de junio de 2007

Sin

Sucede de esta forma.
Que me tienen acorralada.

Después de que la semana pasada mi amiga me calificó de conejo asustado y a punto de ser atropellado, me llamó mi jefe a su oficina.

Empezamos a hablar del futuro, de mis proyectos dentro del trabajo y de repente, sin anestesia, la tiró:
- Bueno Sombra, y tú, en qué estás con tu vida?

- ¿En qué sentido don Salvador? - cautelosamente...

- ¿Qué edad tienes tú? ¿26, 27?

- Treinta, don Salvador

- ¿Treinta? Con mayor razón pues...

-¿?

- Sí, pues, me gustaría saber cuáles son tus proyecciones, así como hacia el futuro, dado que no podemos hablar de matrimonio aquí, si ni siquiera estás pololeando, o sea, ¿cuál es tu plan B?

Ahí en verdad como que dejé de escucharlo.
El golpe bajo me llegó directo al estómago y no es exageración decir que se me llenaron los ojos de lágrimas, una vez más.

Da lo mismo lo que vino después, porque eso sí que se enmarcó en los límites de lo que le correspondía al viejo sapo.

PERO... qué dolor me causó...

Porque siento que él interpretó en voz alta para mí lo que veo reflejado en las miradas de aquellos que me rodean.

Que qué mierda está haciendo la Sombra con su vida, que ya tiene 30 y sigue hueviando, que por qué no se pone seria, se enriela, se da cuenta que la micro ya se le fue y ejecuta el plan B.

CONCHA DE SU MADRE... ¿¿tenía que tener plan B??

No.
La verdad es que no lo tengo.

Sigo esperando que algo mágico suceda y que mi plan A, el de toda mi vida, se cumpla.
Cual Pinky y Crebro, quiero seguir intentando lo mismo cada día.
Que en mi caso no es tratar de conquistar el mundo, sino mi destino.

Pero me noto sumergida en la inercia absoluta, de días sin fin que se suceden sin mayores cambios.
Y no es que no lo haya intentado
¡Dios sabe que no es cierto!

Pero simplemente necesito un descanso.
De los tropiezos, las caídas, los planes fallidos.
Del rechazo, el stress, la angustia de salir al mundo a pelear por lo que busco.

Me han dicho siempre que el que busca siempre encuentra.
Pero también me han dicho que en el minuto menos pensado pasan las cosas buenas.
¿Es el minuto menos pensado aquel en que piensas que ya no pasó nada?

Me declaro agotada.
Me declaro incompetente.
Me declaro en quiebra.
Me declaro en total abandono.
Me declaro ignorante.
Me declaro triste, muy triste.
Me rindo.

No doy más, en mala.

No quiero hacer nada más.
No puedo soportar más fracasos.

Déjenme tranquila, sin pololo, sin futuro, sin bienes raíces propios, sin hijos, sin planes, sin hombro donde llorar ni persona a quien amar. Sin espacio que declarar mío, físico ni virtual.
Sin planes.
Sin.

Acompañada solo por la música, los deseos, el seguir adelante maquinalmente, el cruzar los dedos por debajo del mantel.
Acompañada por la pena, el desamor, la soledad y la rutina, que en estos días es mi mejor amiga.

Malas épocas se viven en estos lados.

Pero de peores he salido adelante. Y sola.
Quizás eso sea lo que debió ser siempre.

Quizás este sea mi plan A.
El único que se me permitió ejecutar, magistralmente.