viernes, 3 de febrero de 2006

El que se acuesta con niños…. Parte II

La razón por la cual Eleutherio daba la alarma era sencilla.
Me leía hace tiempo, lo leía a él también, y no le costó atar cabos a través de los comentarios que leyó cruzadamente en nuestros blogs. Un par de preguntas directas y estábamos listos, me había descubierto.
Y resulta que a Eleu no le disgustaba el personaje, pero le asustaba, pues lo encontraba egocéntrico, cambiante y un poco inmaduro. Y conociéndome a mí, tenía susto de que yo me embalara con algo que en verdad podía morir tan rápida y extrañamente como había nacido.
Le hice la promesa de no entregarme por completo al asunto, a la vez que, secretamente, me burlaba de sus malos augurios y me daba lata su negrura. Pero bueno, esto no me iba a pasar a mí, pensé, y le eché para adelante.
A mediados de octubre ya tenía una nutrida carpeta en mi computador con mails, conversaciones, fotos y músicas intercambiadas con Alberto.
Estaba contenta, él también; nos acompañábamos, aconsejábamos, esperábamos el final del día para contarnos mil cosas.
Yo pasaba por un momento terrible en mi trabajo, estaba medio cortada con mi familia, y él me cayó como un regalo de cielo, ese break al final de una jornada asquerosa, que compensa y equilibra todo lo demás.

Un día, en medio de cualquier cosa, le propuse que nos conociéramos en persona.
Se trabó entero, le dio vergüenza, miedo, nervio, todo mezclado.
Filo, no es esencial, pensé, y cambié radicalmente de tema. Las cosas se irán dando de a poco, rematé en mi cabeza.
A esas alturas las cosas iba viento en popa, imagínense que hasta habíamos empezado a hablar de vivir juntos, y no en broma o como lo hacen los niños, jugando a imaginar, sino de verdad; con plata, ubicaciones y expectativas de por medio.
Me gustas mucho” me dijo, casi a continuación, y eso me hizo caerme, literal y emocionalmente, de la silla.
Él me regaló una canción, de letra y melodía que simplemente hacen que a uno se le llenen los ojos de lágrimas.
Yo le regalé A primera Vista, de Pedro Aznar, mi canción favorita de todas las que conozco, y él también se enamoró de ella.
Eleutherio me preguntaba casi a diario cómo iban las cosas y se alegraba por mí, pero nunca olvidaba, al final de nuestras conversaciones, agregar: "tenga cuidado mi niña, tenga cuidado, usted es una mujer muy apasionada para sus cosas, no le vaya a ir mal".
Pero yo ya tenía una imagen en mi cabeza de Alberto. Era un hombre muy recto, de esos que odian la mentira más que cualquier otra cosa pues la han vivido en carne propia. Un hombre de relaciones verdaderas, poco dado a jugar con las mujeres; un hombre muy inteligente, honesto, sencillo, culto y genial en muchos aspectos. Pero también retraído, con una autoestima emocional un poco dañada, huidizo y a veces inestable.
Lo triste de todo esto es que yo lo quería mucho.
Y no es triste porque quererlo haya sido una pérdida de tiempo, sino más bien porque creo que nunca entendió que yo podía quererlo, que alguien podía quererlo en realidad, así simplemente, sin segundas intenciones, sin ganas de dañarlo, de dejarlo, de engañarlo, de terminar de partirlo. Y no solo como una pareja, sino como un amigo, una persona a la cual has llegado a admirar, a sentir cerca, a preocuparte por su existencia.
Ahora me pregunto… ¿estaba enamorada? No tengo idea, pero de verdad no creo. Encantada quizás, interesadísima, de todas maneras. Me faltaba algo, lo concreto, no porque quisiera chequear su apariencia, que ya conocía por fotos y que me tenía tranquila, era más bien ese sentir que la persona es real, de carne y hueso, que no sólo te satisface su escritura, sino también su voz, su mirada, su caminar, su actitud contigo. La manera en que te escucha, en que te observa, como te trata…
Por fin, un día a fines de noviembre, él me extendió la invitación formal…
Te invito a que nos veamos las caras” lanzó.
¿Cómo explicarlo?
Fácil.. por segunda vez en poco tiempo, me caí de la silla. Esta vez no literalmente. Al fin iba a conocer a Alberto… antes de que terminara noviembre, para ser más exactos.
Amé, y todavía amo, esa sensación increíble de estar esperando al viejito pascuero, o mi cumpleaños, que no tenía desde que era muy chica.


Continuará…

3 comentarios:

Tadashi dijo...

NO!!!!!!!!!...

Termina la historia!!!!!...

Esto es como ir a ver el señor de los anillos al cine y tener que esperar por la continuación para saber que pasa...

Si cobras por la tercera parte...voy a tener que pagar...

ja!...

Saludos...

AnaMaría dijo...

Noooo, por qué nos haces esto???!!!

Mi comentario se reducirá a decir: espero la tercera parte.

Abrazos!
AnaMaría.

Ya odio un poco a Alberto.

espirales de delirios dijo...

espero el porximo capitulo..
que bello espacio..


ojal sepa volver a el..
aun no entiendo bien el formato blog..

saludos!
irupè