miércoles, 23 de mayo de 2007

Hermana duda...






No tengo a quien rezarle pidiendo luz,
ando tanteando el espacio a ciegas..
No me malinterpreten,
no estoy quejándome..
Soy jardinero de mis dilemas.

Hermana duda,
pasarán los años,
cambiarán las modas,
vendrán otras guerras,
perderán los mismos...
y ojalá que tú
sigas teniéndome a tiro.

pero esta noche, hermana duda,
hermana duda...dame un respiro.

No tengo a quien culpar
que no sea yo,
con mi reguero de cabos sueltos...
No me malinterpreten,
lo llevo bien, o por lo menos
hago el intento.

Hermana duda,
pasarán los discos,
subirán las aguas,
cambiarán las crisis
y pagarán los mismos
y ojalá que tú
sigas mordiendo mi lengua
pero esta noche... hermana duda..



hermana duda, dame un respiro...



(Jorge Drexler)

martes, 22 de mayo de 2007

Sweet Child O' Mine...??



Hecha un estropajo.


Si escribo es solo porque prometí mantener al día a todos los que han seguido esta desafortunada historia. Y bueno, también porque siento que me sirve. De alguna manera. Para desahogarme, quizás. Para no sentirme tan sola, seguro.


Ayer en la tarde-noche, hecha un manojo de nervios, esperaba que surgiera de la nada Domingo para sacarme todos los demonios del corazón.


Como a las siete se conectó a MSN. Yo estaba conectada, pero en modo Away. Pasó mucho, mucho rato, y nada, el desgraciado no me hablaba, mientras yo me retorcía fumando y mirando fijamente su nombre en la pantalla brillante, como si eso sirviera de algo.


Como a la media hora, más o menos, descubrí que no estaba online. Así que corregí el error rápidamente. Al instante, habló.


Domingo: Soooooooooooombra!! Feliz cumpleaños atrasadísimo!!!!!! Tienes tu celular a mano para llamarte???


...Dudas mías frente al teclado...un rato de silencio electrónico...


(Yo, de piedra por fuera, de jalea por dentro, no sabía si llorar, reír, gritar o todo a la vez)


Sombra: Sí...


Domingo: Ya, contestame altiro, bueno?


Sombra: Ok



Dos pitazos y contesté el celular, más nerviosa imposible.



Domingo: ¿Cómo estai? ¿Cómo lo pasaste?


Sombra: Bien (bastante seca yo)


Domingo: ¡¿Estai enojada?!


Sombra: No te voy a decir nada, Domingo... (porque si abro la boca te mato, agregué mentalmente)


Domingo: ¿Tengo que tomar eso como un sí o como un no? (Maldita incapacidad de nosotras las mujeres de decir lo que sentimos, maldita la incapacidad de ellos de adivinar lo que queremos, pero no podemos decir)


Sombra: Tómalo como quieras...


Domingo: .... pucha, es que en verdad no te llamé porque...


Sombra: (Interrumpiendo) Mira Domingo, el que se excusa se acusa, así que mejor no digas nada...


Domingo: Bah, entonces no digo nada, total, no tengo nada de que excusarme... ¿o sí?


Sombra: Gracias por llamar, Domingo (más seca aún)


Un silencio más largo que el día lunes...


Domingo: Bueno, te dejo porque tengo que estudiar ene...


Sombra: Que te vaya bien, adiós.



Y corté.


No pasaron ni cinco minutos. Hiroshima y Nagasaki juntos habían explotado adentro mío. Tenía tanta rabia, tanto miedo, tanta pena... me miraba al espejo y la cara que veía estaba como lejos, lejos. Me tomaba el pelo, como cuando pienso muy concentrada, no me podía ni sentar, me paseaba como león enjaulado por la pieza.


No, esto me va a hacer mal. No puedo guardármelo adentro, no puedo...


Tomé el celular. Marqué el de Domingo.

Sonó una, dos, siete veces. "Usted será transferido al buzón de voz...."


Casi tiré el celular sobre la mesa. Casi lloré. Con que ahora no me iba a contestar...


Al minuto, sonando otra vez la mugre.



Domingo: Me llamaste? (Quizás me engañe, pero había un pequeño tinte esperanzado en su voz, me pareció)


Sombra: Sí


Domingo: Dime...


Sombra: Lo que pasa es que me arrepentí. No puedo quedarme con esto adentro, porque me va a hacer mal, simplemente. En verdad sí me pasa algo. Estoy muy, muy enojada por lo que hiciste.


Domingo: ..... (tomando aire para hablar, yo no lo dejé)


Sombra: (Disparando como metralleta) Lo que pasa es que me cargó que te desaparecieras y no me llamaras, que reaparecieras hoy tan campante como si nada, que sintieras que no había nada que hablar, ni de qué preocuparse, ni que explicar (ya ven como pongo en práctica los consejos de Hugo). Eso no se hace Domingo. No nomás. Estamos en la era de las telecomunicaciones. Hay teléfonos en cada rincón de este puto país, más encima hay mails, mensajes de texto... osea... ¿en qué mierda estabas pensando?


Domingo: Pucha, pero es que el lugar donde yo estaba en verdad no tenía señal de nada...


Sombra: Pero Domingo, si eso tú ya lo sospechabas. ¿Cómo no se te ocurrió llamar el día antes? ¿O el sábado en la mañana? ¿¿Cómo no mandaste un simple mail el día antes de irte diciendo que no ibas a estar, que me deseabas un feliz cumpleaños por adelantado??


Domingo: Es que el sábado me fui muy temprano, y la verdad es que no quise despertarte...


Sombra: Puta Domingo, ¿no sabí que es mejor pedir perdón que pedir permiso?. Con una medida tan simple quedabas como rey... en cambio quedaste como todo lo contrario...


Domingo: Ahora que me lo dices, encuentro que tienes toda la razón. Perdóname...


Sombra: Mira, no te digo esto para que me pidas perdón, te lo digo para que nunca lo vuelvas a hacer, ni conmigo ni con nadie. Es tan fácil hacer pasar un mal rato a alguien... Las personas se conocen por los detalles que hacen la diferencia o simplemente no la hacen. Pucha, era tan fácil para ti no cometer este error...


Domingo: Sombra, en verdad estaba colapsado, te encuentro toda la razón pero es que...


Sombra: Es que el colapso no es razón, pues. Si llamar no cuesta nada y te demoras cinco minutos o menos. ¿O tú crees que cada vez que necesitas hablar con alguien, o que te ayuden a estudiar para la universidad yo no tengo nada que hacer y simplemente dispongo de mis horas libres? Yo no te estoy cobrando nada, pero realmente piensa un rato y evalúa por qué me siento tan mal...


Domingo: Gracias por decírmelo...


Sombra: Sí pues, si nosotros dos siempre nos hemos preciado de tener una amistad tan la cagada, en que nos tenemos TANTA confianza y nos contamos todo, aquí va algo que quizás no es agradable ni fácil de digerir, pero que simplemente no me voy a callar por comodidad. No voy a dejar que andes por la vida siendo un huevón y sin saberlo más encima...


Domingo: Sí, es cierto... No sé qué más te puedo decir...


Sombra: No me digas nada y ándate a estudiar para tu mega prueba será mejor...


Domingo: Ya, gracias


Sombra: Que te vaya bien, adiós...


Domingo: Adiós...


Y eso sería todo.

Desapareció de MSN, desapareció de mi día.


Dudo que se haya quedado tranquilo y feliz.


Lo que es yo, me quedé con un sabor amargo en la boca.


Y con un dolor de cabeza de aquellos, por cuarto día consecutivo.


En verdad, en verdad no sé qué pensar o esperar de todo esto.


En toda la noche no pegué un ojo. Si dormitaba, eran miles las pesadillas y los fantasmas. Me levanté destruida para ir a trabajar. No fui un real aporte en todo el día, tenía la mente frita.


Y de repente me di cuenta de cómo he dejado que las cosas vayan demasiado lejos.

De cómo me han afectado más de lo normal.

No sé si es el cansancio extremo el que me hace vulnerable, las expectativas que se derrumban, el dolor acumulado y sobrellevado como una pesada mochila ineludible...


Soy una sombra, literalmente, de lo que podría ser.


Y me vuelve a dar susto.


Ese maldito sentimiento que tanto odio y que tanto me acompaña en estos últimos días...


Solo quiero cantar a grito pelado esta canción de la Alanis Morissette:


Oh these little rejections how they add up quickly

One small sideways look and I feel so ungood

Somewhere along the way I think I gave you the power to make

Me feel the way I thought only my father could


Oh these little rejections how they seem so real to me

One forgotten birthday I'm all but cooked

How these little abandonments seem to sting so easily

I'm 13 again am I 13 for good?


I can feel so unsexy for someone so beautiful

So unloved for someone so fine

I can feel so boring for someone so interesting

So ignorant for someone of sound mind


Oh these little protections how they fail to serve me

One forgotten phone call and I'm deflated

Oh these little defenses how they fail to comfort me

Your hand pulling away and I'm devastated


When will you stop leaving baby?

When will I stop deserting baby?

When will I start staying with myself?


Oh these little projections how they keep springing from me

I jump my ship as I take it personally

Oh these little rejections how they disappear quickly

The moment I decide not to abandon me........

domingo, 20 de mayo de 2007

Todo es sombra en la vida de esta Sombra...

Fuck. Mil veces fuck.

Si la cosa estaba incierta, la hueá se puso en verdad color de hormiga.

Primero.
El lunes me llamó por teléfono Hugo, mi querido amigo de TODA la vida, en casa del cual se produjo el show de Domingo hará unas dos semanas atrás. Reproduzco el diálogo, aproximadamente.

- Sombra, te llamo porque necesito comentarte algo
- Mmmmm?? (Yo ya veía venir el tsunami)
- Este hueón de Domingo anda calentoncillo por vos, nena. ¿Qué onda?
- Hueón, a ti que eres hombre, te corresponde quizás darme una interpretación más acertada. Yo veo lo mismo que tú. Pero no entiendo, porque tengo cerebro de mina y no de hombre.
- Es que yo aquí veo a un hueón que está verde por echarte el guante encima. De hecho, el día que vinieron a mi casa pensé que no llegabas entera a tu casa. ¿Pasó algo?
- Nada. Pero Hugo, ¿tú crees que sea solo eso o algo más?
- Mira, por el historial que tienen ustedes dos, por como es él, que poco lo conozco pero sé cómo son los de su tipo, creo que aquí hay algo más.
- ¿Entonces qúe mierda hago Huguito?
- Bueno, ¿Qué te pasa a ti con el pendejo?
- De todo...
- Entonces juegue. Yo no te voy a juzgar, te voy a apoyar y tú lo sabes bien. Lo único que te quiero advertir es que vas a fregar la amistad.
- Ay, lo sé, por eso no he podido tomar la decisión. Es que tú no cachai lo mal que me tiene la hueá.
- Ah, te gusta en serio el pendejo entonces...
- Tan en serio como que no he podido dormir en no sé cuánto tiempo. Pero no me decido.
- Sombra, ¿me das permiso para hacer una cosa?
- ¿Qué?
- Creo que a este cabro chico le hace falta una buena conversa hombre a hombre.
- ¿Cómo?
- Mira, se me ocurre que con la excusa de comprarte un regalo de cumpleaños yo podría salir con él y tirarle un poquitito la lengua. Y de pasada, darle un par de consejos. Destapar la olla.
- Pero Hugo, y qué pasa si el hueón lo niega todo?
- Primero que nada, no le voy a creer. Me lo va a negar porque le va a dar susto, porque no tendrá cojones para reconocer la cosa. Pero como que me llamo Hugo que aquí hay gato encerrado. ¿Cuándo he fallado yo en mis juicios?
- Nunca hueón, eso es lo que me asusta.
- Bueno, entonces ¿no te gustaría saber de una vez por todas qué mierda tienes que hacer con el pendejo? Porque él nunca jamás va a tomar la iniciativa y eso tú ya lo cachaste.
- Sí, pero me da susto que se traume
- A ver, hay varias cosas aquí. Primero, si actuó como lo hizo en mi casa, debe afrontar el hecho de que yo, como hombre y amigo tuyo que soy, le pregunte qué chucha está haciendo. Segundo. Si se echa para atrás, está pintando el mono y en ese caso es bueno que lo sepas. Si reconoce todo, está bien también que lo sepas para saber a qué atenerte. Es una "win-win situation".
- ¿Una qué?
- Una "win-win situation". No hay posibilidades de perder creo yo. Si el hueón cambia su manera de ser contigo, si huye, si se echa para atrás, era un pobre pendejo caliente y cobarde que no valía la pena. Dolerá aceptarlo, pero estaría bueno que lo empezaras a asumir. Eso en el peor de los casos. Que de todas formas me parecería muy extraño, pero siempre cabe la posibilidad. En el mejor de los casos, empiezan una linda relación ahora mismo y dejan de andarse con rodeos.
- Mmmm.... bueno, dale, pero no me metas en esto. Actúa por tu cuenta.
- Ok. De ahí te cuento.
-Ya. Besos, querido.
- Besos, linda. El amor anda rondando, te lo digo.

El martes Hugo me mandó un mensaje de texto.
"Mañana es el día de la verdad. Te llamo."

El miércoles, con los nervios a flor de piel, esperé y esperé.
Como a las nueve de la noche, me llamó Hugo.
- Puta, el hueón se corrió, según él tuvo una emergencia
- Filo Hugo, déjalo para más adelante
- Hay una cosa muy rara aquí eso sí
- ¿Qué?
- Cuando lo llamé para confirmar, el hueón me tiró un "Sabía que esto iba a pasar" medio nervioso. Yo me hice el hueón no más, no quería espantarlo. Quedamos para la otra semana porque el viernes se va fuera de Santiago
- Sí, me había dicho. Y este "sabía" ¿a qué crees que se refería?
- No tengo idea. Pa´ mi que el hueón sospecha que lo voy a cuestionar. Dejémoslo por ahora. Ya mi niña, nos vemos el fin de semana en la celebración de tu cumpleaños...
- Gracias, Hugo

Y llegó el fin de semana.
Y con él mi cumpleaños.
Y de Domingo, ni rastro. No mail, no llamado, no MSN, no mensaje de texto, nada.
Entiendo que está fuera de Santiago, pero a menos que se haya perdido en el desierto de Atacama, no cacho qué onda.

Vino Hugo a verme y le conté.
Con un pequeño, ligero temblor en la voz.
Con el corazón destrozado en realidad.

- Esto es más grave de lo que pensé...
- Ya, tíramelo sin anestesias...
- Según yo, hay solo dos posibilidades. Una: Está jugando contigo, es el clásico tira y afloja de la conquista. Tiene la excusa perfecta para dejarte pagando, media loca como te veo ahora. Se hace el choro, el interesante. Dos: Se dio cuenta de que lo descubrí y puso pies en polvorosa. Mariconcito el hueón.
- ¿Por cuál votas tú?
- Yo voto por que tú te quedes exactamente cómo y dónde estás. Te prohibo que lo llames, que le escribas, que cuando reaparezca acuses golpe. Nunca te importe. Eso también va a remecer a este gallo de alguna forma. Si contaba con que te tenía, lo va a dudar. Con eso te lo cagai, esté haciendo lo que esté haciendo.
- ¿Tú dices?
- Pero obvio. Esta situación ya llegó a un break point. Tienes que rematarla, sea cual sea el resultado, Sombrita.
- Puta weón, tú y tus expresiones en inglés. Pero tienes razón. Estoy pa´l pico. Qué cumpleaños más atroz.
- ¿Otra piscola mejor?
- Sí, y que sea fuerte.

Segundo.
Hoy me llamó la Mari para contarme que Feña terminó con la polola hace tres semanas. Ella no sabe que eso corresponde más o menos a cuando me encontré con él en el matrimonio.
Qué fuerte. No estoy preparada para verlo reaparecer. No como estoy, no como están las cosas.
Y me va a tocar, porque en un par de días más es el cumpleaños de la Mari y ya sé que ahí lo veo seguro.

Siento que debiera escribir un guión de teleserie con todo esto. Lo único que sé es que estamos claramente en un momento de mucho rating, en que la gente se come las uñas para saber si todo se resolverá para bien o para mal.
Yo sé solamente que ya no tengo nervios para gastar en seguir esperando que las aguas vuelvan a su caudal, para bien o para mal...

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Son las tres veintitrés de la madrugada y no puedo dormir. Tengo miedo de hacerlo.
El enésimo cigarro de la tarde humea a mi lado, como única compañía, como única certeza.

Y es que no entiendo, no entiendo qué mierda es lo que siempre sale mal. Qué es lo que me falta, qué hice para merecer el castigo, la maldición de nunca jamás ser amada de la manera en que yo amo.

Después de escribir el post que probablemente acabas de leer me acosté un rato, con dolor de cabeza.

Y no hice más que soñar. Con él. Con un amor increíble, con una intimidad, una cercanía, una manera de complementarnos que aún en el sueño me dolía porque algo todavía de conciencia me alcanzaba para darme cuenta de que lo que veían mis ojos no era la realidad.

Desperté muy mal. En serio.

Sintiendo que es injusto que, como me dijo alguna vez la Carola al leerme el tarot, yo tenga tanta, tanta, tanta capacidad y ganas de amar. Y se pierda.

Tengo 30 y un caudal de amor se escapa de mis manos, sin destino.

No me merezco ser tan despreciada, siento yo. He sido mentirosa, quizás egoísta, me he equivocado muchísimas veces, pero nunca jamás he buscado más que el bien para los que me rodean y para mí.

Más tarde salí con mis amigos a celebrar por quinta vez mi cumpleaños. Todos ellos me han organizado pequeños asados, comidas, juntas varias. Pero ni todo el ruido del mundo, las risas y el trago han sido capaces de acallar el grito que llevo dentro.

Y esto no es solo por el tema de Domingo. Es por el tema de la desesperanza, del no saber, del llorar, del esperar todos los días algo que no llega ni se vislumbra siquiera.

Todos dicen que soy un alma llena de risa, positiva, buena onda, querible, amigable, preocupada por los demás.

No saben que la procesión va por dentro.

Que lloro, que estoy agotada, cagada a fondo.

Tengo miedo de dormir.

Y volver a soñar.

Con cosas que simplemente siento que no puedo alcanzar, por más que me esfuerce...

sábado, 12 de mayo de 2007

¿Onda?

Juro que me da mucha lata hablar de este tema una vez más.

Pero qué le voy a hacer. Es de mi vida que trata este blog, y esto, por repetido, enredado y pendejo que suene, es lo que en las últimas semanas ha estado ocupando mis días (y mis noches).

Con Domingo nos conocemos hace dos años ya, y tenemos una amistad realmente muy cercana y especial. Hace mucho que nos contamos todo tipo de cosas, triviales e importantes, hace mucho que compartimos de vez en cuando salidas, la mayoría de las veces en grupo. Hace mucho que nos queremos, y que somos un apoyo para el otro bastante grande. Y, por último, hace mucho que yo reconocí en mí que su manera de ser, y todo en él, me atraían irresistiblemente, y que si no fuera por sus 19 años, yo intentaría algo más. Por su parte, nada parecía mostrar otra cosa. Hasta ahora.

Quiero pedir perdón en este mismo momento a los que odian los detalles. Si usted es una de esas personas, no siga leyendo. Pero es que realmente necesito entrar en ellos para poder descubrir qué es lo que realmente está pasando aquí. Porque no quiero engañarme. No puedo.

Hace un par de semanas escribí un pequeño "preview" de lo que estaba pasando, se llamaba "No puedes". Lo hice relatando sólo algunas de las cosas que han empezado a cambiar de a poco, llevandome a estas sospechas que ahora necesito saber si son fundadas o no.

Me explico.

Si bien, como ya decía, siempre nos vemos, últimamente (un mes y medio aproximadamente), esta costumbre se ha vuelto de todos los fines de semana, a veces viernes y sábado. Últimamente Domingo se muestra reacio a salir con sus amigos. Me llama para saber en qué estoy, qué panoramas tengo, y cada vez que no tengo algo, me propone que salgamos a alguna parte o que, simplemente, nos quedemos en mi casa viendo alguna película. Solos los dos. Si, en cambio, tengo algo que hacer, se muestra preocupado por saber qué voy a hacer, con quién voy a salir, y qué significa ese hombre para mí. Hace poco tuve un matrimonio e hizo una tremenda campaña para que lo llevara de pareja. Y no lo hice solamente porque era el matrimonio de una prima mía e iba a estar toda mi familia, que se precia de tener una lengua de Gillet que asusta a cualquiera.

En los últimos tiempos se ha instalado a mi lado demasiadas veces en mi cama, a ver televisión. Y como la cama es chica y ambos somos más bien grandes, no es raro que estemos en contacto. Pero el contacto se ve acrecentado cuando él enreda sus piernas con las mías. O, cuando me siento para tomar agua, fumar o buscar el control, pone su brazo detrás mío y su mano en mi espalda.

Lo he pillado mirándome las pechugas descaradamente como tres veces.

Un día fuimos a un karaoke y me dedicó una canción romántica.

Luego, mientras otras personas cantaban canciones más "pachangueras", me sacó a bailar y el estilo de danza fue más bien cercano, con harto toqueteo, todo dentro de los límites apropiados y decentes. Es decir, se acerca peligrosamente a los límites, pero nunca jamás los cruza.

Cuando me pilla desprevenida, me toma la mano y me la pone en su poto, para luego morirse de la risa cuando pego un salto y retiro, enrojeciendo, la mano de tan peligrosa zona.

Hace unos días fuimos a comer a la casa de un amigo en común y todo el tiempo estuvo tomándome la mano, abrazándome cuando yo estaba parada cerca de él, preocupado de servirme vino, prenderme el cigarro y después, como molestándome, me tomó por la cintura y me hizo acompañarlo hasta el baño, porque según él, "le daba susto ir solo" (Obvio que lo dejé ahí y me fui rajada...).

Antes, Domingo siempre me contaba quién le gustaba y me pedía consejos acerca de qué hacer con ella. Pero hace mucho tiempo que no me habla de nadie.
La última vez que conversamos me preguntó qué opinaba yo de las amistades con ventajas. Yo le dije lo que siempre he pensado, porque lo viví. Que la amistad con ventajas es peligrosa, es casi imposible que resulte sin que alguien salga herido, que no es recomendable pero que pasa, y que bien manejada, en algunos casos puede resultar y traer algunos beneficios, por lo menos por un tiempo.

Desde hace un tiempo a Domingo le gusta jugar a hacerse pasar por mi pololo cuando conversamos, y mezcla en las conversaciones expresiones como "mi amor", "gorda" y otras tonteras que me hacen reír, más bien nerviosa.

Hace unos días supe por una amiga que Domingo tenía algo muy importante que hacer el próximo fin de semana, que es largo, fuera de Santiago. Y que él le comentó a mi amiga que se iba a quedar aquí mejor porque no quería perderse mi cumpleaños.

En este ultimo mes y medio, no ha pasado día sin que hablemos por teléfono o por MSN, incluso más de una vez por día.

Hace un mes y medio más o menos que no me lo puedo sacar de la cabeza. Y que sueño con él (y con las indecencias que haría con él) casi todas las noches.
Me ando riendo sola, como tonta, cuando me acuerdo de algún gesto tierno o de preocupación que ha hecho conmigo. Me ha hecho sentir más mujer, más querida, más interesante y especial de lo que nadie me había hecho sentir en mucho, mucho tiempo.

Y aquí está lo terrible.

¿Son todas estas cosas rollos míos, calenturas de Domingo, actos de confianza o realmente siente algo más por mí?
Y la cosa no termina aquí... Si siente algo más, ¿lo dirá alguna vez? ¿hará alguna cosa al respecto? ¿se atreverá a jugársela algún día?
Y si se la juega... ¿qué va a pasar con nosotros? ¿cuál es la proyección de una pareja tan dispareja? ¿qué va a decir la gente? (Sorry, pero por más que lo intento, lo que la gente dice sí me importa)

¿Qué va a pasar si alguna vez nos besamos?
¿Si me propone que seamos amigos con ventaja?
¿Si quiere pololear?

¿Qué va a pasar con nosotros como amigos?
¿Se irá todo a la mierda, especialmente si no resulta lo otro?

Puta, tengo un caldo de cabeza enorme. Además de andar soñando con él, me despierto mil veces durante las noches pensando que tenemos que terminar este jueguito, aclarar las cosas, yo tengo que tomar distancia o algo, pero si seguimos así me voy a morir.
Y no sé por qué me huele que Domingo está en las mismas. Siempre es tan correctito, tan niñito bueno, que no me lo imagino rompiendo las reglas o tomándome por asalto para robarme un beso o tocarme algo "vedado".


¿Qué hago?
¿Qué es esto?
¿Qué debo pensar?
¿Qué es lo mejor para los dos?
¿Qué?
Se abre el debate. Opinen por favor.

lunes, 7 de mayo de 2007

Going on 30

En menos de dos semanas más cumplo 30.

Creo ya haber pasado por la crisis de esa edad, el año pasado.

Esa donde no sabes para dónde va tu vida, en qué mierda has gastado estos 10950 días (aproximadamente) de estar sobre la tierra.

Donde haces balances y te propones nuevas metas.

Donde te sientes vieja pero a la vez pendeja.

Donde ya hay muchas respuestas pero faltan millones más.

Es decir, espero que haya pasado.

Aunque los coletazos, de pronto, me atacan por la espalda.

En fin. Es lo que hay.

Veremos qué traerá esta nueva década por delante...

martes, 24 de abril de 2007

Green Olives

Siempre me ha gustado lo distinto. Lo fuerte. Lo que a pocos les gusta.
Como las aceitunas verdes que me estoy comiendo justo ahora con un mango sour y un cigarro en el primer acto de regaloneo a mí misma en muchos, quizás demasiados días.

El fin de semana fue importante.
Como no.
Siempre es importante; en él siento que retomo mi vida tal cual me gusta, libre de cadenas y obligaciones, de deberes ser.

El sábado Juanito me invitó a un matrimonio.
Totalmente inesperado esto de Juanito, porque nos conocemos hace mil años pero nunca habíamos salido.
Y así, de repente, me llamó y partimos juntos a cumplir con su deber social.

Cuál no sería mi sorpresa, cuando llegamos al famoso lugar del evento, lleno de gente que jamás había visto en mi vida, y vislumbro, entre los danzarines, a nada menos que Feña.

- Aquí fregué - pensé. En una fiesta más o menos chica, era obvio que no le podía hacer el quite eternamente.

Juanito y yo fuimos inmediatamente por las consabidas piscolas y nos pusimos a bailar sin más demora (llegamos después de las doce)

De pronto, y en barrido visual disimulado de mi parte, descubro a Feña mirándome.
No soy capaz de explicar el nudo en la guata y las patas de lana.
A hacerte la tonta, me dije.
Seguí bailando como si nada, pero cada cierto rato miraba de reojo.
Y él, seguía mirándome.
La polola, una rubia estupenda y estilosa, se contorsionaba intentando llamar su atención.
Pero nada.

Una hora y como tres piscolas después, tuve que ir al baño.
En el caminode vuelta, pasé sin mirar por el lado de una mesa.
Una mano me tomó firme pero suave del brazo.

- Hola Sombra - con una enorme sonrisa de oreja a oreja.
- Hola Feña, cómo estás - yo, seria, diplomática .
- Muy bien, ¿y tú? - tono cariñoso y hasta un poco paternal.
- Excelente. Perdón, me están esperando - señalando con un dedo a Juanito, que me esperaba con cara expectante y dos piscolas en la mano.
- Vale, nos vemos.

Resumen de la noche: menos mal que Juanito era un eximio bailarín, de esos que le sacan gracia hasta a una tabla de planchar, con pasos, coreografía y conocimientos de danza para regalar. Y yo no lo hago tan mal, dicen. Por lo menos, por empeño y entusiasmo no me quedo. Me hizo reír, me emborrachó lo suficiente como para que pudiera estar arriba de la pelota sin jugosear, me mantuvo muerta de la risa todo el tiempo, sin pensar (tanto) en ese par de ojos oscuros que seguían atenta y constantemente mis pasos.
Por supuesto que él nunca supo lo que pasaba. Para qué.

El día lunes, todavía un poco averiada por el impasse nocturno, me fui a la oficina de mi jefe Alejandro corriendo.
-Alejandro, tengo que hablar contigo urgente.
- Ok, cierra la puerta.
- Mira, lo que pasa es que..... - empecé a contarle por primera vez en mi vida, con lujo de detalles y con harta verguenza, en vivo y en directo, a una persona de carne y hueso, mi historia con Feña.
Sí, porque aparte de este espacio, yo jamás había revelado mi historia.
Y menos a alguien que conociera a todos lo actores involucrados.
Alejandro, echado para atrás en su silla, me miraba fijamente y sonreía, gruñía, movía la cabeza alternativamente. (Excelente público)

Es que yo no daba más.
No he podido entender jamás a este hombre.
Que es el perro del hortelano, que no come ni deja comer. Que me llama, me busca, me propone sexo, después me deja botada pero me dice que me quiere.
Que me lleva a su cama y después me echa de ella.
Que se encuentra conmigo y me mira toda la noche sin parar.
Que me trata pésimo, pero que me mira y me toca con una delicadeza y profundidad infinitas.

Alejandro me escuchó hasta el final.
Luego, me dijo varias cosas que me sirvieron mucho.
- Mira Sombra, este libro yo ya lo leí. Durante muchos años de mi vida, yo fui un Feña. Estaba convencido de que todo lo que tocaba lo destruía. Entonces, quiero decirte con toda seguridad, que este hombre siente muchas y grandes cosas por ti.
- .... - mi cara debe haber sido para filmarla.
-Lo que pasa, en primer lugar, es que este gallo está medio chiflado por las drogas y el alcohol...
- Ya....
- Segundo. Lo asustas. En ti ve una posibilidad de algo grande. De estabilidad. Hijos. Seguridad. Crecer. Tener algo mucho mejor y más grande de lo que ha tenido en su vida. Y se caga de susto. No se la puede.
- Pero....
- Espera. Entonces, como sabe que eres lo más importante en su vida, él te mantiene lejos. No está listo para ti. Pero como no se puede aguantar, te busca. Y lo hace de maneras que en realidad son seguras para él, del modo en que sabe que se puede relacionar contigo sin involucrarse. Prefiere dañarte que dañarse, desde su punto de vista.
- Pucha, pero es injusto, Alejo - perpleja yo...
- Sí, de todas maneras, pero el calvario que este pobre huevón está pasando no es menor. Te lo repito, yo lo viví. Y no es gracioso tener a la mina que sientes que podría ser la de tu vida, al lado en la cama, y con un sabor atroz en la boca pedirle que se vaya, que desaparezca, que ojalá nunca vuelva. Entiende que de una manera medio retorcida te está cuidando.
- Pero, ¿de qué?
- De sí mismo. De su inmadurez, de su desequilibrio... Pobre huevón....
- Alejo, no lo defiendas...
- Estás loca, yo te defiendo a ti. Y desde ese punto de vista te digo una sola cosa: No te acerques a él. Eres el fuego y él la polilla, si se acerca se quema; pero dado que tú ya tienes sentimientos involucrados, la explosión que se produciría sería dañina para los dos.
- Chuta, me dejas harto en qué pensar...
- Sí. Y te repito. El libro este, es para llorar a gritos. Muy, muy triste. Él es de una sensibilidad enorme. Y se lo está sufriendo todo. Ojalá algún día este gallo pueda levantar la cabeza. Si no, se va a perder para siempre. Y tú, no lo esperes. Vive tu vida.
- Gracias por la terapia
- De nada , cuando quieras. Y oye, una cosa.
- ¿Qué?
- Llevaba mucho tiempo esperando que me vinieras a contar esto. Conociéndote como te conozco, sabía que habías tenido algo con Feña.
- JA! El viejo truco del "lo sabía"
- Lo sé - riendo se levantó y salió de la oficina .

Es raro. Es de un sabor fuerte y poco común, como el de las aceitunas verdes.
Me gusta.
Saber que Feña, finalmente, no es una mierda sin corazón.
Que actúa así porque no sabe.
No sabe ser de otro modo.
Ahora lo miro con algo parecido al cariño.
Con algo parecido a la empatía, por su dolor.
Queriendo creer que todo lo que me dice Alejo es cierto y que de los dos, la que se ha llevado la mejor parte soy yo.
Aunque me haya dolido.
Por lo menos yo estoy de pie.
Y avanzando, aunque sea de a poco.

Ya se acabaron las aceitunas.
Y yo, yo me voy a acostar tranquila.

miércoles, 18 de abril de 2007

El poder corrompe; el poder absoluto corrompe absolutamente...

Una de las razones por las cuales he estado tan desaparecida por estos lugares, escribiendo tarde, mal y nunca, es mi nuevo trabajo.

En mi empresa les dio de repente por valorarme, y como premio, además de todas mis responsabilidades regulares, me regalaron estar a cargo de una sección que está absolutamente abandonada hace dos años, para que la saque adelante.

Difícil tarea.

Yo, una simple mortal que hasta hace poco no tenía ni un pito que tocar, ahora tengo que coordinar, mandar y organizar a un grupo no menor de personas. Personas que hasta ayer no tenían Dios ni ley, que hacían lo que querían, que se las arreglaban solas, que en verdad no están acostumbradas a rendirle cuentas a nadie por lo que hacen o dejan de hacer.

Y comenzaron los conflictos.

Porque más encima, el organigrama se cruzó con esto de mis dobles funciones, y algunos son, a la vez, mis jefes y mis subordinados. Y ustedes ni se imaginan lo que significa estar teniendo que pedirle explicaciones a la que siempre fue tu jefa. O sentirte cuestionada y hasta ninguneada por quien siempre había sido un pescado más grande que tú en la cadena alimenticia y que ahora debe responder ante ti.

Me cuesta mucho. Porque soy, básicamente, una persona tremendamente simple, directa y poco dada al conflicto. Porque si no me pescan o me basurean no tengo herramientas para responder. Porque el poder me genera una sensación de respeto, porque nunca hasta ahora lo había ejercido y me da susto que se me vayan los humos a la cabeza. Porque sé que mientras más arriba estás, más te envidian y te odian, y en un corto plazo yo subí cualquier cantidad.

No me gusta ser odiada, o envidiada. Si por algo me he caracterizado en mi vida es por mi alegría, mi sociabilidad y mi buena relación con la gente.
No estoy acostumbrada al sabotaje, ni a las miraditas raras, ni a los comentarios ponzoñosos.

Tengo un nudo en la guata.

Ya me he peleado con dos personas, con gritos, lágrimas y odios fuertes de por medio.

Lo único bueno es que me he sentido tremendamente apoyada por mis jefes, que me dieron carta blanca para atar y desatar como me parezca conveniente.

Me dijeron que me van a tratar de botar, pero que conmigo no van a poder porque detrás mío están los peces más gordos entre los gordos. La media tranquilidad... quiero volver al anonimato, a la oscuridad, a la seguridad de mi cueva.

Pero parece que no se puede.

Que para jugar, hay que apostar; para ganar, arriesgar.

Ahora me falta ver qué tanto anhelo ser esa ganadora, esa estrella reluciente en el cielo laboral que a todos encandila con su luz...

Espero resolverlo pronto...



Ah, y con respecto al hombre del post anterior... ahí estamos, entre Tongoy y los Vilos, en nada pero a la vez en algo que no sé cómo llamar.
Espero escribir la próxima vez, de manera más concreta, lo que está pasando en esos ámbitos, a ver si me dan sabios consejos y alguna pista acerca de lo que le pasa conmigo a este ser que adoro pero que no acabo de entender...

domingo, 15 de abril de 2007

No puedes...

No puedes ser tan ideal.

No puedes llamarme por teléfono e invitarme a salir. Llevarme al lugar más perfecto que he conocido y conversar cerca, muy cerca de mí, debido a lo fuerte de la música.

No puedes oler tan bien.

No puedes subirte al escenario y dedicarme la canción más romántica del mundo.

No puedes bailar conmigo como si estuviéramos solos.

No puedes tomarme de la cintura como si fuera tu propiedad.

No puedes mirarme, ni hablarme, ni tocarme así.

No puedes abrazarme, con esa actitud protectora, cuando otros hombres me miran.

No puedes reírte del modo en que lo haces.

No puedes decirme que esa noche fue la mejor de tu vida.

No puedes invadir cada espacio de mi vida, con esa dulzura, como si nada.

No puedes mandarme un mensaje tan encantador, y luego venir e instalarte en mi pieza a ver televisión como si nada.

No puedes acostarte a mi lado en la cama y entrelazar tus piernas con las mías mientras vemos una película.

No puedes escucharme con esa atención.

No puedes seguir dándome en el gusto en todo.

No puedes entenderme y admirarme siempre.

No puedes tentarme tanto, porque voy a terminar cometiendo una locura.

Y yo, simplemente, no puedo.

No puedes... me vas a enloquecer.

domingo, 8 de abril de 2007

Quiebra

Hay días como este en que, simplemente, no entiendo qué fue lo que pasó conmigo.

Con ese futuro brillante que siempre proyecté hacia adelante.

Con mis fuerzas, mis ganas y mis talentos, desperdiciados en cosas que terminaron siendo callejones sin salida.

Y cuando en verdad siento que las cosas se ponen más duras que nunca, o en realidad, más que nada, siento que no mejoran en lo absoluto realidades que hace demasiado rato debieron haber evolucionado, quiero sólo tirarme a un lado del camino y descansar.

Y si bien algunos me dicen que el día que tire la esponja voy a morir, cual alpinista congelado en medio de un descanso a la mitad de la montaña, mis pies y mis brazos simplemente no dan más. La mochila sencillamente se hace más pesada que nunca. Y las lágrimas brotan solas, de madrugada, mojando mi almohada. Y justo ahí también vienen más lágrimas a acompañar las primeras, esta vez de rabia e impotencia porque no puedo estar todavía llorando por lo mismo de siempre.

Existen solo dos teorías que se podrían aplicar al respecto.

La primera es que el cambio esté a la vuelta de la esquina, agazapado esperándome, para sorprenderme en el momento más increíble. Y que entonces voy a reír, como una loca, como la que más, y lo único que pensaré será: qué tonta fui, cómo pude asustarme tanto, era obvio que esto se iba a acabar porque no hay mal que dure cien años ni tonto que lo aguante... soy feliz, soy feliz, soy feliz y también una tonta por creer alguna vez que no iba a serlo...

La segunda es que todo haya sido una profecía autocumplida, una cristalización del terror más profundo de mi vida. Que no haya realmente salida, tal como intuí, y pronto esté pensando: lo sabía, lo sabía, lo sabía, debí aceptar hace tiempo que este era mi destino y abrazarlo con resignación mucho antes, he perdido tanto esfuerzo tratando de luchar contra lo que no se puede cambiar...

Se me hace un nudo gigante en la guata cuando pienso que podría ser lo último.
Y que podría ser de verdad, la realidad de mi vida para siempre.

Pero rezo, con más fuerza que nunca jamás en mi vida, para que no sea eso.
Porque no tengo fuerzas para aceptarlo.
Porque no invertí todo lo que tenía en una apuesta que es tan arriesgada como interesante y única, y que hoy sólo parece estar llevándome a la más espantosa quiebra.

domingo, 1 de abril de 2007

Ironic

Siempre me encantó la canción de la Alanis Morrissette (¿se escribía así?)
Que hablaba de las cosas irónicas de la vida.

Y pucha que está llena la vida de ironías.
Por lo menos la mía.

De muestra, un solo botón. Y qué botón...

Hace un par de días fuimos con Domingo a ver a la Mari que está enferma.
La Mari es hermana de Feña, mi atormentado cariño malo, ese mismo que Domingo odia y quiere matar en mala onda después de todo lo que yo le he contado que me hizo.

Llegamos separados porque Domingo venía de otra parte.
Yo primera.
Subí a la pieza de la Mari y nos pusimos a conversar.
Al rato, entró Domingo.
Y al rató más un minuto, entró la mamá de la Mari.

- Tía, ¿quién era ese gallo tan simpático que estaba con usted en la entrada cuando llegué? (Domingo preguntando)
- Ah, ese es mi hijo Fernando, ¿no lo conocías? (la tía contestando)

PLOP 1: Nunca me enteré de que Feña y yo habíamos estado en la misma casa por nó-sé-cuánto rato y sin vernos. Tengo claro que él sabía que yo estaba, pero yo navegaba por las mansas y peligrosas aguas de la inocencia más pura.
PLOP 2: Domingo y el Feña se conocieron, a metros de mí, y al bueno de Domingo hasta le cayó bien ese imbécil.

Menos mal los dos conservamos la compostura delante de ellas, porque en verdad no sospechan lo que pasó directamente a sus espaldas.
Pero a la salida lo comentamos, y con risa, con nervio, con impresión.
Domingo tiene esa facultad de liberar las presiones hasta de las cosas más atroces. Me aseguró que simpático sería, pero que era un enano (cualquiera es enano al lado de él) y que le volaba la raja en dos segundos. Pero a la próxima.

Es increíble como el mundo es un pañuelo y corremos aventuras y peligros a cada instante.
Es increíble como el pasado, en múltiples formas, aparece y reaparece todo el tiempo.
Es increíble que mi madre tenía razón. La vida es una rueda: algunas veces nos toca estar arriba, otras abajo, pero hay cosas que se repiten una y otra vez.
Es increíble como ahora estoy arriba.
Me siento segura, tranquila, equilibrada y querida, y ni siquiera Feña puede quitarme eso.

Y se acabó.
¿Irónico o qué?