lunes, 10 de octubre de 2005

My worse enemy

La ciudad ha sido un ente amigable y vivible este fin de semana. Mucho sol, poca gente en las calles, se respira relajo en todos lados. Después de una semana completamente olvidable, me he dado licencia para reposar, al menos en cuerpo y sueño, todo lo que he podido. Mis amigos, lejos en la playa. El trabajo, esperando ser ejecutado en cualquier momento, sin apuros, sin presiones.

Sin embargo hay una sola cosa que no me da tregua. La mente, ese maldito Pepe Grillo que jamás suelta su presa y que me vive asaltando con ideas locas, con miedos tontos, con juicios implacables cuando menos lo necesito. En literatura se le llama corriente de la conciencia y se manifiesta escribiendo de corrido, sin puntos, comas, signos de ninguna clase. Como para graficar su fuerza arrolladora, su inevitabilidad, el desorden aparente con que nos arrastra de un tema a otro, aún así no tengamos ganas de adentrarnos en sus aguas turbulentas.

Mi conciencia suele pasearme por todo tipo de territorios. Me ha dado ideas notables, me ha ayudado a descubrir verdades irrefutables acerca de mí misma, me ha obligado a tomar el toro por las astas más de una vez. Pero me molesta su falta de ecuanimidad. En algunos temas me justifica, me protege, me trata como a una niña chica, tonta e inexperta. Trata de hacerme sentir bien con aquellas cosas que en realidad no lo están, y dejar para mañana urgencias que llevan tiempo pendiendo sobre mi cabeza. Pero la mayor parte del tiempo es peor que eso. Es dura, es perseverante, juzgadora, y, sin dorarme la píldora, me muestra mis errores y mis lados menos amables. Es mi peor enemiga.

Quizás por eso buscamos consejo externo. Porque muchas veces sabemos lo que necesitamos oír, pero somos incapaces de decírnoslo a nosotros mismos. Porque, o somos infinitamente condescendientes, o tremendamente demandantes. Y hay temas en los cuales, aunque tengamos la última acción a mano, es absolutamente peligroso tener la última palabra.

Anoche, mientras veía una película junto a una amiga, en la paz silente y oscura de su pieza, metidas las dos hasta las orejas en su cama, mi cabeza abandonó la pantalla y en menos de treinta segundos había pasado revista a los aspectos menos brillantes de mi carrera como ser humano. Movida como por un resorte, me senté y la miré:
- ¿Podí parar la película?
- ¿Pa´ qué?
- Mira, lo que pasa es que... (veinte minutos de divagar sobre esto y lo otro, mientras ella me miraba con cara de hastío, y de reojo vislumbraba la pantalla con los personajes congelados esperando retomar su propio rollo)
- ¿Y en qué minuto se te ocurrió todo esto? Hemos estado toda la tarde juntas y no me habías dicho nada...
- Na´po... recién, mientras miraba la película...
- Ah, bueno. Si tú me preguntai, estai grande, galla. Haz lo que querai. PLAY.

Y ahí me quedé. A miles de kilómetros de los personajes, a otros miles de mi consejera, metida en la cama con mi peor enemigo... yo misma.

2 comentarios:

pedro dijo...

HayunlocodeapellidoKerouacqueseembalabaescribiendoasí.

Yo.Yotengolabarraespaciadoramala.

Peronoelenter,ojo.

P

Eleu dijo...

no te trates así, sombrita. también eres tu mejor amiga.
bear hug,