martes, 13 de diciembre de 2005

"Que seas muy feliz"

Hace casi dos años, en pleno verano del 2004, tomé mis bártulos y con mi amiga Olivia nos fuimos a Brasil.
Desde chica sufro de una comezón viajera que me ha llevado a invertir hasta el último peso de mis ahorros en recorrer parte del mundo cada vez que puedo.
Viajar para mí es un trance, un paréntesis en que la vida toma otros matices, creo que una vez ya les conté algo de eso, así que no me doy más vueltas acerca del asunto.
En ese viaje en particular aprendí muchas cosas.
Y logré construir un vínculo con la Olivia que nos llena de orgullo y felicidad a las dos.
De todos los viajes que he tenido la suerte de realizar, éste es uno de los que recuerdo con más cariño. Tengo una memoria bastante buena, pero de éste en particular, guardo imágenes, detalles, sensaciones, olores, colores y sabores, realmente grabados a fuego en la mente y el espíritu. Creo que me definió mucho como persona, ya que durante él hice un trabajo importante de retro e introspección. Todo con la ayuda pertinente y asertiva de la Olivia. Sin saberlo, me encontraba en la antesala de muchos cambios en mi vida.
Cuando volvíamos de la tierra del carnaval, hicimos una escala de tres días en Buenos Aires.
Como es tradición de fin de semana, fuimos las dos a la feria de antigüedades de San Telmo.
Mientras deambulábamos por las callecitas de la periferia, vimos una mujer estatua. Completamente blanca, completamente inmóvil, era una imágen maravillosa.
- Ohhhhhhh, la cagó, Olivia, porfa sácame una foto al lado de ella...
- Vale
Me situé a un costado de la artista y me retraté cual turista japonesa.
Repentinamente, cobró vida. Se volteó hacia mí, y tomándome la mano, me miró a los ojos.
Con la otra mano me acarició el rostro suave y blancamente, y susurró una frase que jamás he olvidado: "Que seas muy feliz"
Los roles se intercambiaron instantáneamente. Me quedé inmóvil, como petrificada, y ella se movió para volver a su postura original. No entiendo por qué, pero me conmovió enormemente su gesto. Tanto, que se me llenaron los ojos de lágrimas. Todavía cuando me acuerdo, se me paran los pelos de la emoción. Literalmente.
Tengo guardadas, como tesoros, ambas fotos. La original, Sombra de Mí instalada al lado de la mujer-ángel-estatua. Y la otra, en el momento justo en que ella me toca con su alba mano, acierto fotográfico absoluto de la Olivia.
Apenas llegamos de vuelta a Santiago, y retomamos nuestras rutinas normales, se desencadenaron una serie de acontecimientos que me llevaron a vivir los, hasta ahora, dos años más difíciles y tristes de mi vida. Años negros. Años en que, justamente, lo que más me ha costado, es ser feliz. Qué paradoja.
La Olivia ha estado todo el tiempo a mi lado.
Y, yo, como soy machuca y obcecada, he peleado duro contra las adversidades para dejar de sentirme infeliz.
Para no darle la razón al destino.
Para no contaminar mi espíritu con las circunstancias.
Para no olvidar los anteriores años de alegría y seguridad.
Para cumplir el deseo de este ángel de la guarda que me envió a la batalla con su bendición.
No hay mal que dure cien años, dicen.
Espero que el mío dure harto menos.
Mientras tanto, esperando nada, suelo acordarme de esta experiencia tan particular, que terminó con la Olivia tomándome de la mano para ir a almorzar, sin entender mucho, pero percibiéndome afectada por algo que ni yo entendía muy bien.
Más bien creo que presentía que iba a necesitar de este deseo en el futuro.
Juro que voy a gastar todas mis fuerzas en cumplir con su augurio.
Y estoy segura de que es muy difícil que se me olvide alguna vez esta pequeña anécdota, quizás de características irrelevantes, pero que me lleva a sonreír y emocionarme cada vez que la recuerdo. Que me da fuerzas para continuar. Que me dice que nada pasa por casualidad.
Me gustaría poder mostrárles la foto.
Pero van a tener que resignarse a creerme, a ojos cerrados, que es realmente mágica.

6 comentarios:

Eleu dijo...

no se preocupe mi niña. serás muy feliz. y siempre te he dicho que siento que falta muy poco para eso.
queir ver esas fotos!!!
blessed bear hug,

Haller dijo...

Una cita que siempre hago a propósito de la felicidad es lo que decía C.S. Lewis al respecto. Que sólo tenemos visitas de la alegría. Esos momentos fugaces en que todo está perfecto, donde no hay ninguna mancha en el limpio cristal del "contento". después...bueno, lo de siempre.

Saludos.

bendito ravotril dijo...

me emocionas

despues del tunel la luz, despues de la luz el muelle y al final volver a caer

no podriamos distinguir's sin los eternos matices

veo tu imagen en san telmo

besos ravotrilicos

Tadashi dijo...
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Tadashi dijo...

Que buena!...

Me gustó mucho esa frase de "se invirtieron los papeles..."

En realidad creo que la vida es tan dura como uno quiere que sea...

Es cierto que el daño puede caer de repente y sin aviso alguno, sin que tengas la culpa, y sin que puedas hacer nada (como cuando hace 1 mes atrás falleció mi madre, para que no creas que no tengo idea de lo que hablo) pero siempre existe una manera de enfrentar las cosas que te lleva a no derrumbarte y poder ser feliz dentro de toda la tormenta...todo depende de como enfrentes las cosas...

Como siempre he dicho y espero siempre decir...la vida es una alegría constante, teñida solo por pequeños momentos tristes...

Saludos...


PD: Yo suprimí el mensaje de arriba, es lo mismo, sólo que en una parte me equivoqué heavy y se entendía todo lo contrario de lo que quería decir...ja!

AnaMaría dijo...

Qué buena experiencia. A veces esos regalos maravillosos sólo los puede entregar un extraño.

Me gustó y emocionó tu texto.

Saludos,
AnaMaría.