lunes, 26 de diciembre de 2005

Sex & the City

Previendo la lata y la nostalgia y la pena y el qué-se-yo que me producen las fiestas, decidí hacerme un auto regalo.
Cuando era por TV no me la perdía, la dejaba grabando o simplemente volvía antes a mi casa para instalarme en mi sillón favorito, cigarros, coca-cola y chocolates en mano, a verla.
Luego, mi ex pololo tuvo la genial idea de regalarme la primera temporada en VHS.
Y ahí no paré más. La segunda, tercera y cuarta temporadas en DVD pronto estaban en mis ávidas y comprahólicas manos.
Me faltaban la quinta y la sexta (y última), instancias que dejé para más adelante, cuando el bolsillo se repusiera de tamaña inversión.
Ayer no pude más y partí a Bazuca a retirar el despacho de la quinta temporada, y a dejar encargada la sexta, que se encontraba agotada por el momento.
Sí, estoy hablando de Sex & the City, mi serie favorita. Por muchas razones.
¿Empezamos?


Simplemente, Carrie es mi alter ego. Desde la primera vez que la vi, quise ser como ella. Descubrí al poco andar que era un poco ella.

Obsesiva con los zapatos. Claro que los míos no son Manolo Blahnik, harto menos pitucos. Y hartos menos, así a secas. Y en general, para más remate, mi clóset no tiene el glamour, buen gusto y variedad del suyo. Pero estamos hablando de una serie de TV, y huelo a una excelente producción el que la maldita hasta para dormir se vea regia.

Me gusta, además, escribir, por la noches, analizando mi día, mi vida, las personas que pasan por mi camino. Bueno, ella lo hace tan bien que le pagan por eso y más encima la publican. ¡Vamos Sombra, algún día podrás lograrlo!

Me falta también el departamento en la ciudad de Nueva York, pero estamos trabajando para tener el espacio propio, al menos en Santiago de Chile. Me falta el tiempo libre y la disposición para poder visitar tanta cafetería, restaurante, museo y bar fashion. Pero se hace lo que se puede.

Tengo, eso sí, las amigas incondicionales, las anécdotas a veces increíbles, la afinidad absoluta con mis amigos gays. Que son tres, no uno como en el caso de ella. (Aquí te gané). Y por simpático que sea el pobre Stanford, creo que mis amigos gays son más reales, menos caricaturescos en algunos sentidos, más buenosmozos y mejor vestidos. Aunque igualmente fieles, cultos, inteligentes y sensatos a la hora de aconsejarme.


Con respecto a los demás hombres...

Basta cambiarle el nombre, la edad y listo. Porque la situación es la misma.

Todas las mujeres hemos tenido algún Mr Big en nuestras vidas, hombres inasibles, encantadores, misteriosos, que aparecen y desaparecen de improviso, poniendo el mundo propio de cabeza sin que se les mueva un solo pelo.

El mío aparece y desaparece cada cierto tiempo, desde hace algunos años. Al igual que en la vida de Carrie, reconozco que son más los dolores de cabeza que me trae que cualquier otra cosa, pero es inevitable. Se sabe triunfador y actúa como tal. Y pareciera tener una especie de radar para llegar justo cuando he empezado, al igual que mi alter ego, a instalarme en una relación seria, estable y sana.

Dudo que lo mío con este ser humano termine positivamente, como en la serie. De hecho, me parece que de a poco he logrado ir exorcizándolo. Ya no me siento débil y vulnerable frente a él. Y la experiencia me lo ha probado, al ponerme de vez en cuando algunos Bigs de poca monta en el camino. Buenos ejercicios de resistencia, equilibrio y madurez.

Cada vez que veo la serie me pasan muchas cosas.

Me río.

Me emociono.

Me impresiono.

Me muero de envidia.

Me siento representada.

Aprendo.

Y, sobre todo, veo que en verdad nada es tan terrible, si se toma con una gran dosis de humor, autoestima y personas adecuadas alrededor. Que la vida tiene hartas vueltas y que la realidad muchas veces supera a la ficción.

Admiro además la elegancia de Charlotte.

El profesionalismo de Miranda.

La desfachatez de Samantha.

En definitiva, el mejor remedio para la soledad, la autocompasión, los sentimientos de derrota y la lata.

Altamente recomendable, aunque algunos la encuentren terriblemente cliché, hueca o falsa.

Total, es televisión. ¿Para qué la queremos si no es para vernos reflejados, bajo un prisma altamente producido, a nosotros mismos?




¡FELICES
Y
GLAMOROSAS
FIESTAS DE FIN DE AÑO
A TODOS USTEDES!

3 comentarios:

Eleu dijo...

No se enoje mi niña preciosa!! Es que como ya había leído su punto de vista, era imposible que me saliera natural y no forzado escribir mi impresión. Además, soy su gemelo menos extrovertido y me identifiqué completamente con su post.
Hablando de identificación: no soy mujer, no soy gringa, no tengo una nariz con personalidad pero soy Carrie y me encantó la serie.
Blessed bear hug,
PS 1:quedó pendiente no sólo la lectura de tarot, también su visita a mi castillo cuando usted quiera.
PS 2: recibió mis mails?

AnaMaría dijo...

La verdad de las verdades es que a mí también me gusta esa serie. Me entretiene. Suerte la tuya de tener todas las temporadas.

No sé si me identifico con alguna de ellas, creo que para nada, pero igual hay algo que es innato al género femenino que se grafica en la serie que la convierte en un reflejo universal de cualquier fémina.

Bueno, feliz año nuevo!!!

Saludos,
AnaMaría.

bendito ravotril dijo...

son adorables y envidiables, concuerdo plenamente con tu relato

su tema de sexualidad, una constante de todos los tiempos, mas de 30 y sin novios o con pasteles, otro clásico

es un ícono gei

todas quieren ser las sex en las citis

me uno al glamur's