lunes, 9 de enero de 2006

Pato

En un post anterior les conté algo sobre el primo de la Angélica, Pato, con el que salí una vez.
En aquella oportunidad creí que todo quedaría ahí, porque nunca en mi vida he obtenido frutos que de verdad valgan la pena de una cita a ciegas. Pero al parecer estaba equivocada.

A fines de diciembre le conté a la Angélica que iba a pasar este fin de semana que acaba de terminar en un conocido balneario de la zona central con algunos amigos. Se lo conté básicamente porque sé que ella veranea ahí y creí que sería bueno juntarnos, si es que las cosas se daban.

El jueves me llamó por teléfono y me contó que no sólo estaría ahí, sino que además había planeado un almuerzo para el domingo, y que más me valía asistir, porque había invitado a su primo Pato y él, sabiendo que yo estaría presente, había accedido de buen grado a montarse en un bus de esos interprovinciales de mala muerte, para unírsenos. Trata de dormir hoy en la noche... terminó su informativo la Angélica entre risas, y me cortó.

Antes de seguir tengo que aclarar que, si les mostrara una foto de Pato, dos aspecto saltarían inmediatamente a la vista:
1. El hombre en cuestión no representa ni un día más de veinte años, la cara de universitario principiante no se la saca nadie, y eso que en la realidad tiene exactos veintinueve.
2. Nadie puede ser más desabrido y hasta nerd. ¿Cómo graficarlo? Fácil. El cabro parece recién sacado de una de esas publicidades bien gringas y pasteles (en color y actitud) de Polo Ralph Lauren.

Ahora, si alguien de por aquí me conoce realmente, surge, espontáneo, un tercer comentario:
3. Qué manera de no ser mi tipo este tipo. Es decir, ya aclaré que se viste como publicidad de vida de ensueño tipo Alto las Condes. Camisa de color claro y corte ultra tradicional, meticulosamente metida dentro del pantalón Dockers con cinturón de cuero, pelo cortado como para ir al colegio, bastante alto y con ademanes controlados y discretos. Además, su pelo rubio, ojos azules y facciones bien modeladas tampoco ayudan. A mí que siempre me han gustado morenos, chascones y, regalo de las experiencias pasadas, narigones y hasta feotes (nuevamente, moriría por mostrarles una foto de mi ex pololo). De hecho, cuando lo ví por primera vez, pensé de dónde salió este ganso, y qué estaba pensando la Angélica cuando nos juntó.

Pero (y lo impresionante es que siempre hay un pero) el hombre abre la boca y todo cambia.
Ahí aflora el bohemio que lleva dentro, el cinéfilo ávido y apasionado, fluyen la cultura, la inteligencia, los puntos de vista interesantes, el sentido del humor brillante y una manera de mostrar todo lo anterior sencilla, humilde y muy entretenida.
Desaparece el ingeniero de profesión y apariencia y surge el ser que ha estado buscando desesperado un departamento para comprar y convertir en el loft de sus sueños, el tipo que sueña con ir a París sólo para sentarse en las pequeñas cafeterías en las cuales tantos filósofos y escritores dieron vida a las obras maestras que ha leído en su totalidad, desdeñando absolutamente la torre Eiffel y los campos Elíseos; el personaje que busca estudiar cine para algún día realizar un documental o película tal como se la pinta en la cabeza.

Definitivamente conversar con él se convierte en gimnasia intelectual. Te obliga a estar atenta, despierta, al día y lista para justificar, rebatir, analizar y comparar ideas. Todo un desafío, que siento que a ratos me queda un poco grande, pero que me apasiona y entretiene al máximo. Hace mucho tiempo que no conocía a alguien así.

Volviendo al domingo, llegué a la casa de la Angélica, ensalada y estuche con CD´s en la mano, lista para enfrentarme a la multitud y aprovechar de conocer mejor al personaje.
Pero no contaba con la astucia de mi amiga.
El famoso almuerzo constaba sólo de ella, Pato y la que les habla.
Reconozco que por un momento me puse algo nerviosa, pero no me quedó otra que ponerme mi mejor sonrisa y capear el temporal de emociones.

La tarde se pasó volando al lado de la parilla, sin que en momento alguno faltaran la buena conversación, las risas y las anécdotas, los comentarios acerca de las últimas novedades del acontecer político, artístico (en el exacto sentido de la palabra) y otras yerbas. Cada cierto rato la Angélica se encargaba de dejarnos solos y seguíamos conversando, como si el mundo de verdad se hubiese detenido, y su ritmo sólo lo marcase la música que me encargué de poner para la ocasión, y que resultó ser de todo su gusto.

No tengo idea cómo, pero este hombre se las arregló para que yo terminara realizando sobre su espalda una sesión de mi especialidad máxima (modestia aparte), un masaje de relajación. Casi se nos queda dormido, mientras la Angélica se atiborraba de Coca light para evitar los ataques de risa y me disparaba miradas asesinas y decidoras.

Como a las siete de la tarde fuimos a depositar al bus al muchacho, junto con su sesudo libro de Foucault, lugar donde nos aseguró que por culpa del famoso masaje no creía ser capaz de avanzar más de dos páginas de la lectura en el viaje, y nos despedimos cariñosamente. Y aquí es donde me pongo realmente bestia, porque fui incapaz de arrancarle una promesa de volver a vernos, o de sugerirla al menos. Siempre me pasa lo mismo. Y me odio realmente por eso.

Apenas nos subimos al auto de vuelta con la Angélica, ésta comenzó a gritar cual quinceañera, ya que conociendo a su primo desde que usaba pañales, me aseguró que nunca lo había visto tan coqueto y a la vez tan relajado. Me garantizó que lo había pasado increíble y se abrazó a mí con la seguridad de que nuestro incipiente parentesco es un hecho consumado. Pocas veces me había sentido así de valorada y deseada por una persona como miembro de su familia, sin contar al involucrado en cuestión, of course.

Lo triste de todo este asunto es que yo no tengo la misma percepción del encuentro.
Es decir, tengo claro que lo pasamos muy bien, que la tarde se pasó volando, que los coqueteos estuvieron a la orden del día, pero un escepticismo firmemente plantado en mi cabeza me obliga a pensar que esto en verdad no significa nada y que es muy probable que todo quede aquí. La experiencia acumulada en el pasado, no muy feliz por cierto, me ha demostrado que ni la más romántica y prometedora de las citas asegura un futuro similar. Lo bueno quizás es que mis barreras se mantienen altas hace tiempo, y no suelo emocionarme, ilusionarme ni encandilarme con facilidad. Reconozco que me encantaría volver a verlo, pero si no vuelve a aparecer, no moriré. Y no lo digo por despecho, sino porque me conozco.

La media teleserie.

¿Opiniones?

Las agradecería de todo corazón. Duro, rocoso, escéptico, pero corazón al fin.

Pd: Sí, son las 4:29 am, y el insomnio está de vuelta, esta vez con el alto auspicio del calor reinante en mi pieza y en cierta forma, dentro de mi cabeza...

7 comentarios:

AnaMaría dijo...

Antes que todo, una opinión más de forma que de fondo. Tu texto me pareció maravillosamente bien redactado. Da gusto leer textos así. Me entretuve un buen rato, con café y cigarro en mano, leyéndote mientras, envuelta en una manta, capeaba el terrible frío de la zona geográfica que me alberga por estas vacaciones.

Por otro lado, debo decirte que entiendo y me identifico totalmente con tu postura. No sé si es una posición femenina o universal, pero uno tiende a hacerse pocas expectativas de este tipo de encuentros porque así el porrazo, en caso de que todo resulte un desastre, es mucho menos doloroso, ya que nuestra ubicación al momento de caer no es a la altura del Olimpo. En eso estamos de acuerdo.
Pero -y sí, los peros son propios de las situaciones de este tipo- me parece, según leo, que este muchacho está interesado en ti, partiendo por el hecho de que viajó especialmente a reunirse contigo. También creo que hace mucho más interesante el encuentro el hecho de que no le hayas insistido para que vuelvan a ver. No sé si soy yo la anormal, con mis deseos místicos, pero siempre me ha gustado eso del misterio, de no saber qué va a pasar y que, pase lo que pase, no sea forzado por los personajes del culebrón venezolano en cuestión.

Creo, además de todo lo que ya te dije que creo, que aún así no debes pederlo de vista -el destino es interesante, pero a veces también es negligente-.

La verdad es que mis consejos no responden a ninguna pregunta, es que en realidad soy una pésima consejera. Tengo la intención de ayudar en algo, pero, al perecer, mis palabras sólo son repetir lo que ya has dicho de una manera distinta. En todo caso, lo intenté.

Mucha suerte con todo, y no te preocupes por sus diferencias o porque el mozuelo no responda a los patrones varoniles que tienes, en la variedad está el gusto.

Saludos!
AnaMaría.

Alma a Contraluz dijo...

Quizás no te vayas a morir, pero no puedes negar que te comen las ganas por volver a verlo...te estas cegando mujer, a mi me pasa lo mismo, uno se dice: y para que lo voy a volver a VER, si no es de mi gusto, pero te llamo la atención su inteligencia y su personalidad...disfruta, nada pierdes en desgustar otros fenómenos de hombres...

Besos Sinceros.

bendito ravotril dijo...

Sombrita
usted es tan especial, regia y completita, que nada de buscar ni esperar.
a usted me la van a buscar como la joyita que es...mantengase como el tesoro de los jueneses fernandeses

sos una diosa, nada de juego de humanos

sombra_de_mi dijo...

ELEUTHERIO QUERIDO
NÓTESE COMO APRENDO (COPY-PASTEO) DE USTED PARA HACER LINKS EN MIS PUBLICACIONES!!
A los que escribieron arriba solo una cosa...
no soy digna, de verdad, de tan magnánimo trato.
Son mis lectores favoritos!
JA!! (ene objetiva)
Besos, sigan viniendo a verme!!!!!!!!!

Eleu dijo...

ESTÁS APRENDIENDO RÁPIDO, ALUMNA MÍA!
No se haga monja. Puta y/o lesbiana podría ser, pero sería mucho el parecido conmigo. :P
A mi me parece que sin hormonas es muy díficil que algo resulte con Pato. Dicen por ahí que después del amor puede venir la pasión pero nunca me ha pasado. Y sin pasión no podrían hacer Sombritas o Patitos muy bonitos o completos. Serían engendros que se llamarían Som, Pa o una mezcla rara: SomPa. ¿?
Tengo tuto, mi marido duerme, busco pega, corre la voz.
Blessed bear hug,

Polaroid dijo...

buena historia!
creo que debes dejar que pase el tiempo y capaz que cuando lo veas de nuevo el tipo haya cambiado de look y pueda ser de tu gusto.

marlencita dijo...

buen post... pero los consejos del sabio Eleu son para publicarlos en grande....
jajajajaa!!!
M