sábado, 5 de noviembre de 2005

Mujer nictálope

La noche es mi mejor amiga.
El momento en que trabajo.
El momento en que se me ocurren las mejores ideas.
El momento en que estoy más viva.
Y también el minuto en que disfruto de mi soledad.
Esa soledad que pocos conocen y reconocen en mí.
Alguna vez, hace muchos años, leí por ahí la siguiente frase: "Siempre viajo solo en las micros llenas". Se me quedó grabada, pegada en la piel, me ha acompañado en muchos momentos.
Y es que generalmente estoy rodeada de gente. Pero cuido celosamente de mi privacidad. La atesoro, la cultivo, la aprecio. Es lo más mío que tengo. Mis espacios personales son sólo conocidos por algunos, que han merecido traspasar la muralla de hierro construída a mi alrededor. Y esos pocos, más que habitantes de mi mundo, se han convertido en visitantes.
No es que tenga mucho que ocultar. Ni es miedo, ni careta. No es que me moleste compartir. Es más bien que prefiero el gusto (adquirido) de refugiarme en mí misma. De meditar. De observar, de escuchar. De saber que hay pocos que me conocen bien, que para algunos soy un misterio, y dejarlo simplemente así.
Por eso quizás es que me gusta tanto la noche. Porque no hay posibilidades de que me me interrumpa el teléfono, o la presencia impertinente de otras personas. Porque puedo dejar a mi mente vagar y discurrir con toda tranquilidad.
Creo que estoy entrenando hace tiempo para el momento en que me vaya a vivir sola.
O quizás con alguien. Alguien que conozca de mi necesidad por el espacio personal que me he creado. Que pueda estar conmigo sin estarlo. Haciendo cada uno lo suyo. Como esas parejas que pueden estar sentadas horas sin decirse nada. Diciéndolo todo. Con esa embriagadora sensación de tener todo un mundo al alcance la mano, al alcance de una palabra, dispuesto para cuando cada uno de nosotros quiera. No cuando deba.
He descubierto, además, que así se valoran y disfrutan mucho mejor los momentos con otros. Raras joyas que pocas veces poseen las características que buscamos. La tranquilidad para desarrollar un tema hasta el agote. La calma para leer hasta las inflexiones de voz del interlocutor. El espacio necesario para dejar minutos de silencio que subrayen las ideas más importantes. La lucidez para aprehender la magnitud del momento, la verdadera necesidad ajena, el significado de la experiencia.
Por eso quizás también elegí este seudónimo. Porque soy como una sombra, que sólo existe en contraste con la luz. Una especie de animal de hábitos noctámbulos, cuyos sentidos se agudizan en torno a las circunstancias que le son favorables.
Que pocos me entiendan.
Que pocos me conozcan.
Que algunos tengan una percepción errada de mí.
Ya lo dijo el oráculo de Delfos: "Conócete a ti mismo"
Eso es lo importante.
Eso es lo que hago durante mis noches.

3 comentarios:

Edge dijo...

Las noches...

Antes del 73 eran mejores...

Nací y me crié teniendoles respeto.

SalU2
T.

LaRomané dijo...

Piensa que la soledad en realidad no existe... porque siempre estás rodeada de tus pensamientos y de tí misma...
Romané

Eleu dijo...

"nictálope", chora palabra, me gustó. se aprenden cosas contigo, ah? por qué será? jiji ;)
somo hermanos sombra, tu sabes que yo también funciono mejor de noche. maldita sea, por eso pasamos con sueño de día, no?
bear hug,