lunes, 14 de noviembre de 2005

Nudo en la guata, nudo en la garganta

Hace tiempo no estaba tan triste. Hace mucho nada me afectaba de esta manera tan feroz. Tengo un nudo en la guata enorme, y ganas de llorar como cabra chica.
Este fin de semana me pasó algo injusto, gratuito, inesperado y totalmente invasivo.
Yo, que soy pacifista y conciliadora, recibí un balde de caca en la cabeza. Y por el hecho de ser yo. Me carga pelear con alguien que quiero de esta manera, me carga más encima quedar así de afectada.

No quiero hablar más del tema, así que los dejo con un post que escribí hace un tiempo ya, y que apenas había publicado decidí borrar por llorón.
No contaba con la astucia de Eleutherio, que fue y lo guardó.
Me lo acaba de mandar, y como ando en la tónica quejumbrosa, lo vuelvo a postear.
Y esta vez si que no lo borro.


La princesa en su torre

Toda la vida he sentido que existen dos tipos de mujeres (bueno, hay más, pero simplificando hasta el extremo, y desde este punto de vista, dejémoslo en dos).
Por un lado existen las doncellas en apuros. Necesitan a un hombre hasta para cambiar una ampolleta. Les mata hacerse las tontas y dejar que el pelotudo transpire solucionando hasta los más mínimos detalles de sus existencias. Son pizpiretas, quejumbrosas, delicadas, rosadas, perfumadas, lloronazas y un cacho en situaciones extremas. Mujer adorno, les decía un amigo. Porque para lo único que sirven es para llevarlas del brazo como quien lleva una cartera bonita. Nunca saben nada, su frase más recurrida es: "Sí mi amor, como usté diga mi rey".
Y lo más trágico es que los hombres sucumben frente a sus demandas. Al parecer despierta al cavernícola que llevan adentro. O al caballero medieval ansioso de enfrentarse a los dragones.
En esta otra esquina tenemos a las mujeres autosuficientes. Achoradas las cabras. Aperradas, llevan su propia maleta, lloran solas en el baño, se relacionan horizontalmente con lo hombres. Si el pololo pesca, van a pescar con él. Si el pololo juega rugby, van al rugby con él. Si el pololo sube cerros, los suben con él. Y sin tacos, sin maquillaje, sin parafernalia ni carterita tamaño XS.
Me costó un mundo asumirme como una de las segundas. Porque no es fácil, en este país tan machista. Porque a veces también una necesita que la atiendan, que le abran la puerta, que la abracen y le digan que todo va a estar bien. Porque una, sin ser doncella, muchas veces también está en apuros. Porque usar zapatillas no nos hace menos femeninas. Porque no tenerle miedo al trabajo no hace que queramos asumir todo el bulto solas. Porque seguimos siendo mujeres, con todo lo bueno y lo malo que esto conlleva.
No me considero machista, tampoco feminista. Creo que ningún extremo es bueno en esta vida, que los extremos son para la gente poco inteligente que sólo sabe ver las cosas en blanco y negro. Sin matices. Por eso mismo sé que lo que acabo de describir es una caricatura, que se da en la realidad con infinitos matices y grados. Pero se da. Y hoy siento que me gustaría ser más Dulcinea y menos Quijote, ser capaz de mostrarle al mundo mis debilidades y carencias con la misma fuerza con que he tratado de demostrar, sin miedos ni restricciones, todas mis capacidades y mi empuje. Porque yo tampoco soy blanca. Ni negra. Porque no soy omnipotente y me carga que algunos piensen eso y me carguen la mata, exigiéndome hasta el cansancio.
Por eso reconozco que estoy raja, que no quiero más.
Por eso reconozco que necesito urgente que me rescaten de mi torre.
Por eso asumo que, chora y todo, necesito que alguien me lleve de la mano una vez más...
Y hoy me hace más sentido que nunca la canción de Saiko que dice simplemente...

Soy tan Humano como los demás
Y me cuesta decir la verdad
Ver mi reflejo
No tuve fuerzas para derrotar
Mi vacio, mi debilidad
Estaba lejos
Y ahora voy,
comenzando a caminar
Aprendiendo a respirar
Estaba ciega
Voy, cargando con mi cruz
Ya puedo ver la luz
Te veo en el final
De mi camino
Y hoy que comprendo porque ya no estás
He sentido la necesidad
De estar despierta
Y doy lo que quieran por recuperar
El amor que no supe cuidar
Es mi castigo
Sé que soy, ajena a su verdad
Peligro a lo normal
Huelo sus miedos
Voy viviendo un día más
Luchando por ganar
A mi debilidad
Y estoy de regreso



1 comentario:

Lautaro dijo...

pucha sombri. que lata. no sé que decirte más que enviarte todos los abrazos de oso que puedan aplacar el dolor.
te quiero mucho,
Eleu
PS no contabas con mi astucia!